En numerosas localidades del país las lluvias vienen desguazando el paisaje urbano y la infraestructura productiva. Aunque este tipo de catástrofe no es novedad, la primera impresión es que el diluvio pesca al Perú poco preparado. Esto vale sobre todo para los recursos más modernos (puentes, pistas, represas) que empiezan a ceder.
El especialista Abraham Levy le ve un lado bueno a la situación, que colmará de recursos hídricos al país durante el 2012. Pero mientras tanto las noticias ya hablan de costos evidentes, y algunas tragedias. Muchas de las localidades afectadas van a exigir la ayuda del Estado, sumándose así a las víctimas de anteriores catástrofes.
La versión más difundida frente al tema es una explicación científica, una Niña particularmente fuerte, que inevitablemente hunde sus raíces en el fatalismo: así son las cosas también en esta parte del mundo. Si hay historias de zonas precavidas donde las aguas han sido controladas, estas no han llegado a la atención pública.
Es notorio que cuatro de las zonas más afectadas son regiones costeras, incluida Lima, en las cuales la inversión en infraestructura es mayor, la agricultura más al día, y la experiencia urbana más intensa. El puente sobre el río Cañete, a 150 km de la capital, sobre la autopista más moderna y nueva del país, ya empezó a ser deteriorado por ese caudal.
Sin duda una parte de lo que ha sucedido no podía ser evitada. La acelerada carrera del agua desbordada tiene mucho de impredecible. La naturaleza cambiante del país haría muy costoso prepararse en serio para un desastre extremo. Lo cual limita la seguridad de muchas localidades a su buena memoria histórica, como no olvidar por dónde pasaron los huaicos.
Sin embargo el control del agua, no solo la cotidiana sino también la intempestiva, tiene que seguir siendo un objetivo en el país. Una lección incaica es que la hidráulica y la ciencia topográfica son condiciones de existencia en todo el territorio, para no tener que movernos entre las inundaciones y las sequías.
Luego está el impacto económico. El desborde de los grandes ríos, sobre todo de la costa, es el espectáculo más dramático, pero también el más localizado en sus efectos sobre sembríos y caseríos ribereños. Los intensos aguaceros en las alturas son los que causan las pérdidas agrícolas más difundidas.
La recurrencia de las lluvias, los desbordes, las sequías, los sismos, el frío intenso, sumadas a la proliferación de los delitos comunes, los crímenes violentos y la epidemia de drogadicción, hacen pensar que a la categoría socioeconómica de la pobreza habría que sumar otra que podríamos llamar la vulnerabilidad constante de la población.
