Hugo Chávez logró una espectacular cobertura mundial para la inscripción de su candidatura, una manifestación con decenas de miles de seguidores y un discurso presidencial de varias horas. El tema que atrajo a las cámaras globales fue la salud del mandatario venezolano, y cómo su verdadero estado transpiraría en la ceremonia.
Físicamente Chávez estuvo hinchado como se le ve últimamente, pero en forma. Es para él una suerte de éxito político estar presente como fustigante orador en ese estrado, luego de tantos pronósticos acerca del carácter fulminante de la neoplasia que ha ocupado buena parte de su tiempo en los pasados doce meses.
Fue más bien su discurso, con notables momentos dedicados a evocar la figura de Jesucristo mártir, a pedir la benevolencia de Dios padre y a declarar que el candidato está dispuesto a consumirse en el servicio a su pueblo, donde se reveló que la salud de Chávez sigue siendo un tema central.
La sensación en el mitin ha sido de un político dedicado a convocar la compasión de los electores, desde la consigna central de campaña que alude a su persona como “el corazón venezolano”. Incluso el tono de los ataques a opositores, majunches, o imperialistas, ha bajado, y las bromas sarcásticas han sido reducidas al mínimo.
El telón de fondo de todo ese tinglado electoral es la sucesión de Chávez, dentro de poco tiempo. La manzana de la discordia en el oficialismo ha sido si Chávez debía candidatear a sabiendas de la secuela de esa victoria, o si debía usar su popularidad para lanzar a un candidato chavista más duradero. Está claro que se impuso la primera opción, casi seguramente la defendida por el propio Chávez.
Pero el triunfo de un candidato tan enfermo no va a ser un aporte a la continuidad, sino la antesala de una lucha por la sucesión. De hecho las acusaciones de traición en las filas ya están volando públicamente por el aire. Sugerencia de que si el modelo chavista se interrumpe, será por una explosión generada desde dentro.
Dos bandos públicos para el reemplazo: la familia del propio Chávez, en que se perfilan una hija y un hermano gobernador; el entorno político-militar del presidente. En una hipótesis es desde este último sector que podría surgir un golpe articulador de una segunda fase (a lo Morales Bermúdez) que vaya desmontando el chavismo.
La salud de Chávez no es el único factor para este tipo de escenario crítico. Aun si Chávez logra alguna forma de remisión de su mal o posposición de su desenlace, la economía del país también puede encargarse de crear una situación políticamente terminal. En cualquiera de los casos Chávez parece haberse asegurado unas exequias de lujo.
