En su reunión con los dueños y directores de medios del sábado pasado Ollanta Humala se quejó también de sus ministros, de los que esperaba más punche político. O así fue la impresión que les dejó a algunos invitados. Material de más para relanzar la recurrente especulación sobre cambios ministeriales. En los últimos runrunes se habla de la partida de siete o más.
Podríamos suponer, entonces, que Humala quiere más política en su gabinete, o por lo menos algunos ministros más políticos en los puestos claves. Pero es obvio que más política significa también algunas líneas diferentes de política, al menos en la parte más contenciosa de la gestión. No se habla, pues, de un chocolateo sino de una remodelación.
El rumor que más se parece a esto último es el de algunos personajes que representarían un mayor acercamiento al género de liberalismo político representado por Mario Vargas Llosa y su entorno. No parece haber allí grandes operadores políticos, ni muchos cuadros disponibles, mas sí figuras con mejor circulación con la izquierda moderada que el actual gabinete.
La gente que fue del Movimiento Libertad ayudaría, pero no bastaría. Para rendir todos sus frutos tendría que venir reforzada por cuadros de la centro-derecha toledista, por ejemplo. En ese contexto se podría incluso recuperar a algunas figuras de la centro-izquierda perdidas cuando llegó Óscar Valdés a la cancha hace unos meses.
No parece una remodelación fácil de asumir, en la medida que Humala ya tiene un año deslizándose hacia la derecha a diversas velocidades. De modo que es preciso considerar una hipótesis distinta: algunos cambios cosméticos pero con el mantenimiento de los lineamientos centrales de la línea dura que se viene desarrollando.
Pero aun esa línea dura necesitaría modificaciones para no producir una bola de nieve de protesta en el país. Por ejemplo, tendría que venir acompañada de una ofensiva social de mucho más impacto que la que estamos viendo, y que más parece la administración de las sobras presupuestales de una gestión económica ortodoxa clásica.
Es cierto que Humala mantiene algunos apoyos interesantes, como los de Alan García, la Asamblea de gobiernos regionales y algunos de los medios más importantes. Pero no es suficiente. En la propia derecha se empiezan a escuchar voces en el sentido de que una derechización confrontacional corre el riesgo de patear el tablero para todo el mundo.
Una declaración del Parlamento europeo vinculando su TLC con Colombia y Perú con un “mapa de ruta transparente y vinculante” que proteja a los sindicalistas (esto es específico para Colombia), los derechos humanos y el medio ambiente, va más o menos en el mismo sentido. Para moverse cómodo en la derecha, Humala va a tener que moverse un poco de vuelta hacia la izquierda.
