Por segunda vez Unasur hace causa común en el conflicto entre uno de sus miembros y una potencia del hemisferio norte. Con Argentina es el apoyo a un reclamo territorial; con Ecuador es el intento de evitar un mayor deterioro en la relación Quito-Londres. En el primer caso el apoyo no ha sido decisivo. En el segundo todavía no se sabe.
Está más o menos claro que Unasur está buscando sus colmillos político-diplomáticos frente al mundo, y lo está empezando a hacer cuadrándose detrás de algunos de sus miembros más dispuestos a reforzar su política interna con gestos en la política exterior. En verdad este reflejo continental recién está comenzando.
No todos los socios comparten la ideología, pero hacia afuera Unasur funciona cada vez más como una suerte de OEA de izquierda. Si la OEA podía ser acusada de ser un ministerio de colonias de los EEUU, Unasur se va perfilando como un frente de posturas antiimperialistas, por el momento hasta donde ello no afecte las relaciones con el mundo globalizado.
Todo lo cual tiene más de una contradicción interna. Brasil, formalmente el Nº 1 de Unasur, quiere pisar fuerte en el mundo con peso y agenda propios, no tanto como parte de un club de pelea sudamericano. Pues en ese juego diplomático entre caudillista y colectivista Hugo Chávez y sus pupilos siempre van a llevar la delantera.
Para Perú hay una contradicción entre los últimos gestos desafiantes de Unasur y la búsqueda de inversiones para mantener el crecimiento. Dicho de otra manera, la política exterior peruana viene siendo jalada desde varios lados del espectro ideológico. ¿Es indispensable decidirse? Nadie lo está exigiendo. Hasta el momento.
Pero para algunos gobiernos de la región Unasur está operando como el perfecto exportador de problemas internos hacia afuera. Así ha sido para Cristina Fernández, y así viene siendo para Rafael Correa, al que Unasur acaba de ayudar a disimular que él es luz del mundo y oscuridad de su país en temas de las libertades de prensa y de expresión.
El padre de Wikileaks y prófugo de la justicia sueca Julian Assange recibió la noticia del apoyo sudamericano con un balconazo antiyanqui desde su asilo diplomático en Londres. Estocolmo insiste en que no tiene la menor intención de entregarlo a los EEUU si lo recibe, y los EEUU no lo han pedido, pero Assange no se convence.
Mientras tanto los países más decididos de Unasur avanzan a trompicones hacia la imposición de algo parecido a una política exterior común. Es un viejo sueño del indoamericanismo, del integracionismo y del antiimperialismo. Pero una vez al alcance de la mano, el sueño plantea temores sobre el destino del libre albedrío nacional en la región.
