La fantasía era previsible. Al girar hacia la derecha Ollanta Humala libera fuerzas de izquierda desde el interior de su propio gobierno, las cuales entran en alianza con las fuerzas de la protesta, y así recomponen una nueva izquierda a tono con los tiempos. Pero ese es un tablero de diseño con algunos problemas.
Subyace a este tipo de cálculo una homologación del triunfo de Humala con el triunfo de un electorado de izquierda. En consecuencia habría izquierda suficiente como para arrinconar al gobierno y poner en marcha un proyecto alternativo. Algo así como una versión siglo XXI de la Izquierda Unida de los años 80.
Al pasar directamente de una asesoría en Palacio a la propuesta de una alianza con el presidente regional Gregorio Santos (un socio indisciplinado de Patria Roja), Sinesio López se ha colocado en medio de esta perspectiva. No va a ser el último que emprenda este camino, aunque ya no quedan muchos izquierdistas como él en el gobierno.
En términos puramente formales los decenios pasados aportaron estupendas oportunidades para un desarrollo y una unificación de las izquierdas en el país. Pero aparte de una decisión del PC Unidad y Patria Roja de revertir la ruptura de los años 60 y volverse compañeros de ruta, no pasó nada. Hubo más crisis de partidos en la izquierda que en la derecha.
En sus dos candidaturas presidenciales Humala recogió un estado de ánimo ciertamente contestatario de aspectos del orden establecido. Un estado de ánimo abundante y disperso, pero muy poco interesado en reeditar las experiencias izquierdistas del pasado. Más que un proyecto ideológico, una cooperativa de quejas y reclamos desatendidos.
El proyecto de López, si hemos entendido bien su intención, hubiera sido más fácil de llevar adelante bajo Alejandro Toledo o, más aún, bajo Alan García. ¿Qué hace a esta época política distinta? Cuesta imaginar que la diferencia sea el surgimiento del liderazgo de Santos o, más concretamente, de su maître à penser Wilfredo Saavedra.
¿Los izquierdistas salidos del humalismo pueden reemplazar a los Saavedras o los Aduviris? Casi todos estos líderes son localistas, transitorios, erráticos, mal material para hacer alianzas. Además, como tantas personas en esta tierra, deben estar muy poco dispuestos a dejarse quitar el chupete político.
En cuanto a Humala, acaso no le faltan recursos para recuperar a una izquierda perdida, y todavía de perfil desconocido. Sería un error de los disidentes subvalorar el peso de los programas sociales en un gobierno con recursos. La apuesta más segura es que la real oposición a su gobierno venga de la derecha, no de la izquierda.
