Por Mirko Lauer
Un exceso expulsar al sacerdote
La orden de expulsión de un sacerdote sindicado como ecologista y agitador en el conflicto de Bagua, es otro síntoma de la lucha que se viene desarrollando aquí en torno del medio ambiente. Más de la mitad de los conflictos que monitorea Defensoría del Pueblo es definida como socioambiental, y virtualmente todos son choques con alguna empresa de las industrias extractivas.
Como el gobierno acoge y promueve proyectos de inversión en todo el país, la preocupación ambientalista tiene un inevitable sesgo opositor. Incluso los propios ministerios del Ambiente (creado en este gobierno) o de Agricultura en algunos casos han funcionado como contrapeso a los designios del ministerio de Energía y Minas. Nadie, que se sepa, se declara contra el medio ambiente.
Pero sería un error pensar que el ecologismo solo florece en la izquierda o en el movimiento popular. Conspicuas figuras de otras ideologías militan en temas conexos como la biodiversidad, la salud ambiental, la conservación de reservas naturales o la integridad biológica de los alimentos. Estamos ante una filosofía y un movimiento social amplios, que cruzan fronteras tradicionales.
La reciente candidatura presidencial de Antanas Mockus con el Partido Verde en Colombia (21%) muestra hasta donde pueden llegar estas coaliciones. Aún ningún verde ha llegado a gobernar su país, pero en Europa estos partidos han participado en alianzas de gobierno, y en el mundo funcionan como una internacional, con un Partido Ecologista Alternativa Verde afiliado en el Perú.
A pesar de los indicios de que ocupa un lugar de peso entre las simpatías de la población, aquí el tema no ha logrado entrar a la corriente central de la política. La izquierda defiende causas ecológicas cuando estas entran en conflicto con empresas o autoridades, pero sería exagerado sostener que el ambientalismo es importante a la hora de definir su perfil.
La derecha suele mirar a la ecología con algo más que sospecha, como una ideología que pone trabas en el camino del crecimiento económico. Pero a la vez hay importantes empresas que asumen ideas y prácticas ecologistas, y que las propagandizan como parte de su imagen. Varias de ellas incluso en las industrias extractivas. Para algunas ramas, como el turismo, las buenas prácticas ecológicas son vitales.
En la competencia electoral de las regiones muchos políticos candidatean en base a programas ecologistas orientados a defender la pequeña o mediana producción local, aunque quizás no se reconocerían en la expresión. En la política nacional el tema está esperando al político que pueda convertirlo en una bandera aglutinante.
