Por Mirko Lauer
¿Por qué Jorge Ramos, de Univisión, le preguntó sobre reelección a Ollanta Humala? Evidentemente fue un tiro en la oscuridad, puesto que no es un tema que esté rondando al presidente peruano. Pero la pregunta hizo bingo al irritar a Humala y presentarlo cómo alguien con problemas con la reelección.
Es probable que el irritante no haya sido la reelección misma, sino la pregunta, que de alguna manera buscó colocar a Humala en el creciente bando de los modificadores de constituciones para alargar su paso por el poder. Humala vio allí dentro una imputación, y reaccionó, que es lo último que debe hacer un político.
El Canciller y el Primer Ministro salieron al quite con explicaciones sobre el cansancio de Humala y la mala fe del periodista, lo cual no ha hecho sino prolongar un incidente menor, como es un cambio de palabras entre un periodista y un entrevistado. En realidad deberían buscarse una nueva entrevista presidencial con Ramos.
El exabrupto del periodista es comprensible. Humala llegó a las primeras planas mundiales con el valor noticioso de un peligro. Muchos medios lo vendieron como el eslabón perdido del chavismo, que pondría en manos de Hugo Chávez un país clave para la geopolítica de la región. Desde entonces la imagen ha cambiado considerablemente.
El Humala que aterrizó en Nueva York no podría ser más tranquilizador: reuniones con los inversionistas, defensa de una versión apenas modificada del modelo económico de los anteriores gobiernos, cero críticas a la democracia que lo eligió. O Ramos no hizo su tarea, o simplemente no se resignó a la entrevista con una figura tan moderada.
Sobre la reelección misma, ella resulta un tema improbable a menos de 100 días de un gobierno. Además está prohibida por la Constitución, y luego las ansias de Alberto Fujimori dejaron en torno de ella un resabio antipático que por el momento descalifica a todo el que quiera reelegirse a la presidencia.
De modo que el tema de la reelección no podría sino complicarle la vida a Humala y dificultarle mucho las tareas de gobierno. Entre otras cosas por la larga cola que ya se viene formando de candidatos al 2016. Es casi seguro que nada de esto lo tomó en cuenta Flores a la hora de formular una pregunta que nunca nadie contesta con sinceridad.
Aun si el estilo de mandatario discreto y retraído le ha servido bien hasta el momento, Humala haría bien en acostumbrarse un poco más a los reflectores y a los micrófonos independientes, que para un presidente rara vez son generosos. Parte de ese acostumbramiento tiene que ver con tolerar la impertinencia. Mejor todavía si es con una sonrisa.
