A estas alturas es probable que el candidato social-demócrata François Hollande haya ganado la primera vuelta electoral en Francia, derrotando al tercio de derecha y al tercio ubicado en los dos extremos del espectro político. De ganar la segunda vuelta, a Hollande le va a tocar sufrir y resolver los problemas que deja un gobierno muy a la derecha, como le sucedió a Barack Obama con George Bush.
Como comentario a los tiempos franceses (y algo los peruanos) hemos traducido un puñado de párrafos de L’Art Français de la Guerre, de Alexis Jenni, ganadora del Premio Goncourt 2011 (Gallimard, 634 pp).
El telón de fondo de la novela es la participación de Francia en las guerras que van desde la invasión nazi hasta la batalla de Argel. Aquí van:
“Desde siempre nuestro Estado no discute. Ordena, dirige y se ocupa de todo. Jamás discute. Y el pueblo jamás quiere discutir. El Estado es violento; el Estado es generoso; cada uno puede beneficiarse de sus generosidades, pero él no discute. El pueblo tampoco. La barricada defiende los intereses del pueblo, y la policía militarizada se entrena para tomar la barricada. Nadie quiere escuchar; nosotros queremos batallar. Ponerse de acuerdo sería ceder. Comprender al otro terminaría significando aceptar sus palabras en nuestra boca, sería tener nuestra boca llena del poder del otro, y callarse mientras él habla. Es humillante, es algo que repugna. Es preciso que el otro se calle; que ceda; es preciso derribarlo, reducirlo a la indiferencia, cercenar su garganta parlante, relegarlo al confinamiento el bosque sofocante, a las islas donde nadie escuchará los gritos, salvo los pájaros y las ratas fruteras. Solo la confrontación es noble, y el derribamiento del adversario; y su silencio, vamos.
“El Estado no discute jamás. El cuerpo social se calla, y cuando no le va bien se agita. El cuerpo social desprovisto de lenguaje es minado por el silencio, masculla y gime pero jamás habla, sufre, se desgarra, va a manifestar su dolor mediante la violencia, estalla, rompe vidrios y vajilla, y luego vuelve a un silencio agitado.
“Quien fue elegido expresa su satisfacción de haber obtenido todos los poderes. Iba a poder gobernar, dijo, finalmente gobernar, sin perder tiempo en discusiones. De inmediato se le respondió que eso sería la huelga general, el país paralizado, la gente en la calle. En fin. El pueblo, que está harto del tedio, de los tedios del trabajo, se moviliza. Entonces vamos al teatro.
“(…) Bajamos a la calle. La gente en la calle, es la realidad de todos los días; la gente en la calle es el sueño que nos une, el sueño francés de las emociones populares”.
