El anuncio de que varios de los más publicitados dirigentes de conflictos ya son virtuales candidatos a la presidencia confirma lo obvio: además de medioambientales, muchas de las movilizaciones de estos tiempos son ductos hacia las grandes ligas de la política. Lo cual en cierto modo complica las cosas.
El lado positivo es que haya personas pensando en la vía electoral para impulsar sus ambiciones, aun si hoy no tienen mucho entusiasmo por el ordenamiento institucional. Hay en esto un reconocimiento de que el voto es una forma válida de acceder al poder, y que el boicot radical a las elecciones realmente se ha vuelto una cosa del pasado.
Sin embargo, cabe preguntarse qué harían dirigentes como Walter Aduviri o Wilfredo Saavedra en un cargo electivo. No es fácil pronosticarlo, pues hay trayectorias de políticos radicales para todos los gustos, desde el fracaso empecinado hasta la moderación exitosa. Algo de esto último se viene constatando en el caso del presidente regional de Áncash.
El lado complicado está en que si el conflicto se vuelve la manera estándar de hacerse un lugar en la política, este se va a multiplicar en la recta del 2014, desplazando a quienes simplemente desean exponer su plan de gobierno. Así, al enfrentar las movilizaciones el gobierno estaría echando más leña al fuego.
El otro problema es que los conflictos no solo sirven para obtener votos futuros. También son ambiente propicio para otros objetivos, que confluyen en el deseo de debilitar el poder del Estado frente a las diversas formas de la ilegalidad. Así un precandidato conflictivista puede estar fortaleciendo a sus futuros enemigos.
El escenario más feo es la posibilidad de que ante un orden establecido candoroso e impotente respecto de sus propias reglas, muchas de esas candidaturas movidas sean avances políticos de esa misma ilegalidad. Un ejemplo de estos son los congresistas cocaleros, o la nueva camada de empresarios informales en el Congreso.
La ecuación dirigente de conflicto igual futuro candidato sería algo más tolerable si el tema de las movilizaciones no fuera tan marcadamente las inversiones en la zona. Temas razonables para protestar enérgicamente hay en todas partes, desde el presupuesto educativo para la zona hasta el acceso a servicios de salud.
¿Es el conflicto una carta ganadora hacia el futuro? Si miramos en torno nuestro, los elegidos de todas partes son en su mayoría moderados, o al menos lo que pasa por moderado en algunas regiones, provincias o distritos. El crecimiento económico ha ido creando sus propias bases en casi todos los lugares. Lo que no siempre tiene es políticos.
