Por Mirko Lauer
Debemos pensar que los partidos que se abstuvieron de participar en las elecciones a la alcaldía provincial de Lima están felices en balcón. El ánimo polarizador del electorado limeño 2010 le hubiera complicado la vida a todos menos uno, y en conjunto pueden imaginarse en el espejo de los candidatos menores de esta contienda: presentes, pero poco visibles.
Esta estrategia abstencionista se repite en muchas partes del resto del país, sobre todo en la forma de alianzas silenciosas con personajes expectantes. Pero al no tener locomotoras limeñas, que significan gran cobertura mediática, estos partidos terminan siendo de poca utilidad en las campañas locales.
La decisión de abstenerse probablemente fue tomada para ahorrarse un esfuerzo a seis meses de las elecciones generales, y así evitar el peligro de una derrota en octubre que luego hubiera resonado en abril del 2011. Una estrategia segurola, digamos, alentada por la polarización Lourdes Flores-Alex Kouri en las encuestas tempranas.
Acaso el otro motivo para no participar fue que a ningún candidato presidencial le gusta mucho la idea de asociar su nombre con el destino de un político de menor calado. Además está el detalle de que en abril la nueva gestión municipal ya tendrá tres meses, tiempo de más para haberse convertido en blanco de críticas con efecto electoral.
Pero la moneda de la abstención tiene otro lado: el crecimiento de las dos candidatas municipales va a colocar muy bien a sus agrupaciones en el partidor del 2011. De aquí saldrán una alcaldesa y una candidata presidencial, pues ninguna parece tener ganas de endosar su prestigio a otra agrupación. Lo que en casa se cocina en casa se come.
Ollanta Humala, por ejemplo, debe estar albergando sentimientos encontrados sobre su decisión. El salto de Susana Villarán es una bendición a medias. Remoza la imagen de la izquierda electoral en una plaza orientada hacia la derecha, pero a la vez le crea una seria competidora por el voto de izquierda en todo el país. Los partidos del 2011 no solo han prescindido de la elección a alcalde provincial de Lima. Además han evitado, hasta donde les ha sido posible, hacerse notar en la campaña. Lo cual termina siendo una manera de apostar a ganadora. Pero este silencio priva a la ciudad de importantes recursos intelectuales para el debate municipal.
Es probable que las candidatas prefieran las cosas como están. La presencia de los partidos y candidatos del 2011, cada uno con su propia agenda, les hubiera creado una suerte de interferencia difícil de manejar. La mejor demostración está en las oscilaciones que causa Luis Castañeda, y en las que practica Alejandro Toledo.
