Por Mirko Lauer
El título es una irónica frase de Jorge Luis Borges, que viene a cuento porque Ollanta Humala parece genuinamente convencido de que Alan García pondrá en marcha un golpe de Estado para impedirle llegar a la presidencia. García ha desmentido que ese sea el sentido de una frase dicha en una charla privada, pero Humala no se convence. Desde hace tiempo siente que fuerzas extraelectorales acechan su candidatura.
Cuando García hace unos meses opinó en público que desde la presidencia no se puede hacer ganar a nadie, pero sí es posible impedir un triunfo, Humala lo tomó como una amenaza directa a su postulación. Más aún, consideró esa opinión como parte de un esquema de fraude. Está claro que Humala siente que su futuro está en manos de García.
Los temores de Humala en este terreno tendrían más asidero si le fuera mejor en las encuestas. Pero a diferencia del 2006, en esta ocasión el candidato tiene problemas para mantenerse en la parte alta del ranking, y hasta ahora hay relativo consenso sobre que serán los votantes los que le cierren el paso a la presidencia.
Tan es así que veremos otra candidatura compitiendo con la suya por el voto izquierdista. En las zonas donde Humala tuvo un arrastre espectacular en las dos vueltas del 2006, ahora sus asociados regionales han obtenido un modesto par de presidencias regionales. Sin embargo es cierto que allí ningún membrete nacional ha obtenido mucho.
Humala está en la misma línea de quienes creen en la omnipotencia de la Presidencia de la República. Por ejemplo, que la Orden del Sol impuesta a Luis Castañeda en Palacio significa un avance para su candidatura. Son los que creían que el buen trato oficial a Lourdes Flores le aseguraría ganar en Lima, y así sucesivamente.
Las frecuentes opiniones o declaraciones de García sobre temas electorales les pueden resultar desatinadas o inconvenientes a muchos, pero sería un error (y un homenaje al revés) considerarlas pronósticos electorales o, más insólito aún, declaraciones de política. García ha demostrado en más de una ocasión ser falible en estos temas.
Por lo pronto sus simpatías de oficio por la candidata del Apra (incluso estuvo a su lado el día de su oficialización) no se han traducido en un gran despegue en las encuestas. Si las simpatías de García no están pudiendo hacer el milagro, no tenemos por qué pensar que su ojeriza pueda tener más eficacia.
Pero Humala no está pensando en ojeriza, sino en conspiración, claro. Pero para llegar allí tendría que aportar algunas pruebas. Lo más probable es que terminaría teniendo que denunciar a todos los que no están de acuerdo con su candidatura. Lo cual se prestaría a sospechas sobre lo que él mismo podría hacerles a sus críticos desde la presidencia.
