La monarquía británica goza de buena salud. En un sondeo telefónico de la BBC casi 80% se pronunció a favor de la monarquía. Solo superado por las cifras de la familia real danesa. En una encuesta ASEP/JDS 75% consideró que la monarquía española está por encima de las demás instituciones (esto mucho antes de que muriera el elefante).
Las monarquías de Europa, constitucionales todas, han entrado en un nicho perfectamente burgués. El público de las democracias parlamentarias las aprecia, siempre y cuando no incurran en gastos exorbitantes ni protagonicen escándalos excesivos. Más importante, ese público reconoce que las familias reales son valiosos activos nacionales.
Es fama que en Europa los príncipes de Lichtenstein y Mónaco son varias veces más ricos que Isabel II de Inglaterra, a la cual se atribuía hace un par de años una fortuna de casi US$ 650 millones. Pero sin duda alguna los 60 años de Isabel II en el trono la han vuelto la soberana emblemática de Occidente, y un modelo profesional para todos sus colegas.
En su país reina y “los reales” (the royals) son figuras de culto, algo que se ve reforzado por el turismo. El flujo de noticias de diverso tipo acerca de ellos es permanente, y su peripecia familiar es seguida como una mezcla de telenovela con, digamos, reality. En esto último la familia real británica nunca ha defraudado.
Desde los amores de la princesa Margarita hasta el trágico final de la princesa Diana, pasando por las aventuras de los duques de Edimburgo o de Gales, el Palacio de Buckingham nunca ha dejado de alimentar de primicias sensacionales a la prensa, y esta se lo ha retribuido con una atención infatigable.
Pero Isabel II ha mantenido su imagen bastante por encima de la crónica social. Su conducta no ha sido la de una privilegiada resignada a encarnar un poder disminuido. Más bien se ha conducido como una orgullosa y dedicada apparatchik del sistema de poder británico. Algo así como la imagen de una durabilidad sin imperio.
Eso ha hecho que nunca se vea ornamental. Por eso es de las pocas figuras reales que nunca ha desentonado junto a los políticos mundiales portadores del poder efectivo. Los ha visto a casi todos, y a la mayoría de ellos los ha sobrevivido. Josef Stalin, Winston Churchill y Harry Truman todavía gobernaban cuando ella fue coronada.
Isabel II viajó, un poco con el empaque que rodea las excursiones papales, por muchos lugares del mundo, visitó cuatro países de América Latina, pero hasta ahora no ha venido al Perú. En cambio otros miembros de la familia real británica dejaron aquí anécdotas varias que todavía circulan.
