Por: Mirko Lauer
Mientras escribimos esto todavía Carlos Roca insiste en que sigue siendo candidato y la dirección del Apra espera un fallo del JEE sobre el tema. Hasta el secretario general Wilbert Bendezú, alentador de una candidatura aprista, ahora le pide que se retire. Las encuestadoras ya lo han retirado de sus tarjetas, y el incidente ya parece asunto concluido.
Algunos consideran que su lanzamiento ha sido un acto de locura política. Otros aplauden la tozudez de Roca pues ven en ella una suerte de rebelión contra el poder de Alan García en el Apra. Por último hay quienes ven en todo esto una elaborada maniobra que se salió de cauce. Cualquiera que sea la explicación, el resultado es melancólico.
Que la dirección del Apra no haya querido un candidato a Lima es comprensible. El keikismo, el humalismo y el toledismo llegaron a la misma conclusión: para ellos una derrota de alto perfil en la capital este año hubiera afectado la performance del candidato en el 2011. La derrota de Alex Kouri puede significar la pena de muerte para la candidatura fujimorista.
Cuando Roca aceptó el encargo la casilla encuestal “un candidato del aprismo” tenía uno por ciento de la intención de voto, y acaso él pensó que una presencia de carne y hueso cambiaría esa situación. No fue así, pero todavía hoy un Roca empecinado declara que la victoria es cuestión de tiempo, aun con buena parte de la directiva en contra.
No está totalmente solo. Por ejemplo Armando Villanueva no ha dejado de alentarlo, y como él hay quienes consideran que un mal candidato aprista (también de eso estamos hablando) es mejor que ningún candidato, a pesar de que las cifras dijeron que daba lo mismo, por lo menos mientras Roca estuvo reconocido como candidato por su partido.
¿Por qué insiste Roca? Probablemente porque desea irse de la candidatura con algo más que una patada en el poto. No el lugar en la lista parlamentaria que le fue ofrecido al inicio (y que quizás su insistencia está jaqueando), sino un reconocimiento de la hidalguía de su gesto, sus años de servicio al partido.
Es obvio que esa candidatura está perdida. Pero alguna fórmula imaginativa para Roca todavía tendría sentido. No solo por él, sino también por algunos de los que lo pusieron en el predicamento. Un partido tan grande debe tener numerosas tareas de buen perfil para un dirigente dispuesto a tragarse el sapo y seguir adelante.
En cuanto al destino de los votos apristas, el caso Roca va a dificultar el endoso hacia cualquier candidato, si esa fuera la intención. A juzgar por las encuestas el voto aprista que el Apra no está recibiendo viene repartiéndose entre los principales candidatos, y explica parte de los altos niveles de indecisión.
