Por Mirko Lauer
Agosto termina con un ultimátum de los cocaleros del Alto Huallaga a la PCM: huelga indefinida dentro de 48 horas si no se suspende la erradicación de sembríos de coca. Es evidente que las fórmulas intermedias de Ricardo Soberón no los convencen, y que creen más en el retorno de la erradicación ordenado por Salomón Lerner.
Los cocaleros afirman que Ollanta Humala ofreció hace seis meses empadronamiento y un alto a las erradicaciones. Concluida la tregua de una semana sin erradicaciones, están convencidos de que la política del gobierno es otra, y amenazan con poner en marcha la primera medida de fuerza contra el nuevo gobierno.
Los propulsores del tipo de reclamos diversos que produjeron unos 250 conflictos en los últimos tiempos van a estar mirando cómo se manejan las nuevas autoridades. ¿Se dejarán atarantar por una amenaza de huelga indefinida? ¿O podrán imponer su política sin tener que aplicar la fuerza de la ley? ¿Va a ser negocio confrontar al gobierno?
La fórmula intermedia de Soberón consiste en una erradicación selectiva combinada con una inversión estatal en cultivos alternativos. Esto lo saben los cocaleros del Alto Huallaga, y quizás gestos como marcha y amenaza de huelga son parte de una táctica para entrar mejor a la negociación de esa propuesta.
Pero la erradicación selectiva, hasta ahora no explicada del todo, no parece ser a lo que se refirió el primer ministro cuando ordenó el retorno de la práctica. Con lo cual no se sabe sin habrá erradicación como la de siempre, o erradicación negociada, ni en qué términos se podría dar esta. Lo que hay es un conato de nueva confrontación.
El caso es emblemático, y funciona como un Rubicón. La campaña que en estos días atribuye directamente los muertos en conflictos de este tipo al anterior Presidente de la República funciona como una obvia advertencia al nuevo gobierno. Además aquí hay, afirman los cocaleros, promesas electorales de por medio. No va a ser el último reclamo de este tipo.
Un primer indicio de por dónde podrían ir las cosas es la respuesta de la PCM a los reclamos de Walter Aduviri, haciéndole notar que la representación del pueblo en Puno está en manos de las autoridades elegidas por este. Aduviri ha respondido amenazando al gobierno con una “nueva huelga aymara”, para la cual no ha fijado fecha.
Para que la respuesta de la PCM funcione cabalmente es necesario encontrar la manera de que las autoridades locales defiendan sus fueros frente a las asonadas, y eso en efecto comienza por no negociar con dirigencias espontáneas surgidas de las calles y no de las urnas. Algo más fácil de decir que de llevar a la práctica.
