Cada vez más aparece la frase “mayor presencia del Estado” como una fórmula de solución a problemas sociales. Se aplica en particular a localidades remotas o atrasadas. Hay un relativo consenso a favor de la idea, a pesar de sus múltiples significados, más allá de que presencia del Estado es automáticamente asociado con la ley y el orden.
Sabemos que los recursos estatales asignados para imponer la ley y el orden son limitados en el país. En la economía no logran atajar la informalidad. En la vida diaria no logran frenar el aumento de la delincuencia. En la salud y la educación no alcanzan para prestar servicios suficientes. La lista de las carencias es larga.
La teoría del asunto es que el Estado funciona como el gran proveedor para las personas y localidades que menos tienen, y que el conflicto estalla cuando la privación alcanza niveles críticos. Es en ese momento que el Estado decide que ha llegado el momento de soltar la mano, por ejemplo con obras de infraestructura en Cajamarca o el Vrae.
Son varios los Estados que se hacen más presentes en esos casos. Por ejemplo el Estado promotor, el Estado represor, el Estado educador, el Estado asistencialista, o el Estado sanador. Cuando estas y otras facetas confluyen hay algo así como un plan de desarrollo focalizado (otra palabra de estos tiempos) en una situación determinada.
Evidentemente la frase tiene un anverso: no habría suficiente presencia del Estado en el conjunto de la sociedad y el territorio. Otra vez, hay relativo consenso sobre esto, pero muy poca explicación sobre el origen del problema, más allá de que se le ve como una consecuencia, y a la vez causa, del subdesarrollo, entendido como sinónimo de tercermundismo.
Quienes en estos tiempos insisten con lo de la presencia del Estado deberían ir precisando el significado de la expresión. ¿Es que el Estado central, el epicentro de la mayoría de los conflictos, no se ha expandido lo suficiente en lo que toca a servicios, beneficios o garantías? Como si estuviéramos ante una fundación incompleta de la república.
¿O se está aludiendo a que el tipo de presencia estatal que hoy existe está evidenciando limitaciones para el control social, lo que también se llama gobernabilidad? Es decir que el Estado simplemente está desbordado por las circunstancias, como lo plantea desde su título el célebre libro José Matos Mar sobre masas emergentes en movimiento.
Se necesita un debate, para el cual ya existen diversos tipos de propuesta. Una es la reforma del Estado, que nunca llega. Otra es convocar para la redacción de una nueva Constitución, algo que ofrece fuertes resistencias. Otra es asumir la planificación en serio, lo cual significa necesariamente más Estado y algo menos de mercado.
