Por Mirko Lauer
Los reflectores mediáticos están clavados sobre la relación de algunos candidatos con la embajada de los EEUU durante la campaña electoral del 2006. Hasta ahora no aparece una prueba de que Washington haya influido en aquel desenlace, pero en cierto modo viene implícito en las acusaciones. Nadie dice que los visitantes simplemente estaban perdiendo su tiempo.
Debemos suponer que hoy, con el mecanismo Wikileaks ya instalado en todas las conciencias, nadie ha estado visitando embajadas extranjeras para acusar al prójimo. Pero detrás de los titulares retro queda la curiosidad sobre si Washington hizo algo para influir en el apretado desenlace del 2006. Es lo que de alguna forma viene diciendo Ollanta Humala.
Pero todo eso ya es agua que pasó bajo los puentes, un proceso de neorrefritos, que incluso no parece estar afectando el curso de las encuestas. La pregunta del momento debería ser si Washington y su embajada tienen interés y posibilidades de influir en quién será y quién no el próximo Presidente de la República en el Perú.
En el 2006 Hugo Chávez y la izquierda electoral latinoamericana eran bastante más fuertes e influyentes que hoy. Esto ayudó al avance de Humala, y que se sepa no hubo fuerza capaz de impedirle ganar la primera vuelta y llegar a cinco puntos de la presidencia en la segunda. ¿Alguno de esos puntos clave se los quitó la embajada?
Es notable la capacidad profesional de los embajadores gringos para transmitir a su sede con pulcritud etnográfica los dimes y diretes de los protagonistas locales, sin expresar el menor sesgo a favor o en contra de alguno de ellos. Eso tiene que haber viajado por otra vía. Las wikidenuncias de esta hora son esencialmente entre peruanos.
¿Qué podría hacer la embajada a favor de un candidato hoy? Financiar su campaña podría ser complicado y peligroso en la era de la transparencia. Pasearlo en hombros por la Casa Blanca y proporcionarle photo opportunities A-1 podría ser contraproducente. Filtrar elogios en la prensa estadounidense sería de muy poco impacto.
¿Y en contra? La cosa parece más difícil todavía. En estos días lo peor sería invitarlo a la residencia de la embajadora. Quizás los servicios secretos de Washington podrían filtrar información demoledora de actualidad contra un candidato. Aunque en el caso peruano ya no se sabe qué es demoledor y qué no.
La experiencia sugiere que a Washington le resulta más fácil influir, a favor o en contra, en gobiernos constituidos que en procesos electorales. No es casual que la ola de izquierda en América Latina no registre operativos para frenar candidatos, que equivale un poco a ir contra corrientes de opinión movilizadas. Tarea complicada si las hay.
