Por Mirko Lauer
Uno de los rasgos más tristes en la polémica política local es la acusación al contrincante de haber liberado terroristas presos. Son ataques que nunca demuestran nada, pero que antes de hundirse en su inanidad producen titulares. Como el objetivo no es la verdad sino la descalificación, se trata de mentiras que cumplen su propósito.
Pero los efectos secundarios de la triste práctica son tóxicos para el sistema democrático. El mensaje que más impacto tiene en las mentes más sencillas es que quien excarcela a un preso por terrorista (porque en realidad era inocente o porque ya cumplió su sentencia) es él mismo un pro-terrorista embozado en el sistema.
Que alguien acusado injustamente de terrorismo recupere su libertad debe alegrar a la democracia, y la fortalece. El proceso comenzó a difundirse bajo Alberto Fujimori, y fue impulsado por el heroico sacerdote Hubert Lanssiers. En este caso los remanentes del fujimorismo han optado por satanizar la práctica de liberar inocentes.
En cuanto a los culpables de terrorismo que han cumplido su sentencia, nadie tiene por qué aplaudir su salida de prisión, pero criticar el hecho o presentarlo aviesamente como una inconducta pro-terrorista es hacer escarnio de las leyes del país, y de paso de los jueces que determinaron las penas en primer lugar.
De otra parte predicar que existe una suerte de bando pro-terrorista en el sistema institucional y político peruano es una suerte de suicidio conceptual. Además sugiere que estos predicadores se sentirían más cómodos si no hubiera democracia, sino una guerra entre partidarios de la dictadura. La del proletariado vs. la de la familia, por ejemplo.
Así, la noción de que el sistema democrático en todos sus niveles es un tácito frente contra el terrorismo y otras lacras similares se resquebraja. De paso se va introduciendo una cuña entre las fuerzas de la ley que capturan a los terroristas y las fuerzas de la justicia cuya tarea es juzgarlos y dictar sentencia.
Sin duda la policía y los tribunales pueden cometer errores como sindicar y condenar al hombre equivocado. Su rectificación es clave para la confianza del pueblo en la justicia (que es lo primero que el terrorismo busca minar). Como es clave respetar y no denostar aquellos casos en que el proceso tuvo la razón.
Nótese que las capturas decisivas de cabecillas del terrorismo por parte de las fuerzas del orden se dieron todas dentro de marcos legales, y lo mismo vale para la neutralización del terrorismo sobre el terreno. Las ejecuciones extrajudiciales a la postre lograron muy poco, si acaso lograron algo.
