Por Mirko Lauer
El comentario del congresista Víctor Andrés García Belaunde sobre el chuponeo y su difusión como intento de golpe desde la Marina ha caído como un rayo en pleno cielo despejado. El argumento de fondo es conocido: precipitar la vacancia de Alan García para abrirle paso al marino jubilado Luis Giampietri.
En ese universo semántico conspirativo acaso orbita también el periodista Pablo O´Brien, dosificador de los audios a los medios, cuando dice “no creo que a estas alturas los petroaudios se puedan tumbar al gobierno”. ¿Hubo alguna altura en la cual el investigador O´Brien pensó que los audios sí hubieran podido hacerlo? Si acaso, ¿cuándo fue ese momento?
Algunos datos nuevos mueven a pensar que Business Track es bastante más que una empresa privada delincuente. Uno clave es el hallazgo en sus discos duros de material chuponeado por el montesinismo a mediados en los años 90. Es razonable suponer que la gente de Vladimiro Montesinos goza de buena salud y sobrevive en torno de los institutos armados.
A estas alturas, como diría O´Brien, la idea de una Marina de Guerra (usar lo de “un sector de la Marina” es una compadrería como el uso de “malos policías”) metida en la danza, por lo menos como tercerizadora de servicios de grabación semi-privados, se ha vuelto más verosímil. Al menos nada pudo haber pasado sin su vista gorda.
La vinculación de la Marina, con golpe o sin él, es evidente: la presencia de personal en actividad y de jubilados de la cúpula, la tardía aceptación de haber comprado equipos de interceptación (en perfecta sincronía con el desembalse de 80+ audios de segunda), las vehementes negativas del ministro de Defensa.
¿Y el golpe? El que resulta más fácil de imaginar no es como el relevo a la Richard Nixon, quien renunció y fue reemplazado por su vicepresidente, sino un simple debilitamiento del gobierno para impedirle afectar los enormes intereses que hoy se enriquecen en el país. En los sueños putchistas del fujimorismo a Alejandro Toledo se le vacaba y a eso le seguía un golpe de regreso a 1999. No ahora.
La continuidad entre la grabación al embajador Allan Wagner bajo el reich de Montesinos y las últimas grabaciones habla de una influencia y unas redes que siguen en su sitio. No hay, pues, para qué hablar de próximo golpe: ese es en sí mismo el golpe. El montesinismo que García no consideró peligroso ahora se dedica a serrucharle el piso.
Un aspecto muy rescatable de la alerta lanzada por García Belaunde es la capacidad de la inteligencia tecnológica de desestabilizar al gobierno. Aun quienes no se compren la tesis del golpe deberán aceptar que la posición negociadora de los institutos armados se fortalece mucho con estos escándalos.
