Hubo un tiempo en que una división en el partido de gobierno significaba un asunto mayor. Pero eso era cuando el partido político era un artefacto mucho más cohesionado que los de ahora, que en su mayoría dan la impresión de ser sociedades transitorias, administradas por una cúpula más o menos permanente de operadores.
Cuando hace un año Ollanta Humala dio su giro a hacia la derecha, primero el electoral y luego el económico, el Partido Nacionalista y la alianza Gana Perú no se inmutaron. Fue recién con la salida de Salomón Lerner y su gente que empezaron los carraspeos. Solo en la izquierda, pues nadie en Gana Perú estaba siendo separado.
Ahora la bancada oficialista empieza a desflecarse, sometida a dos tipos de presiones. Una ideológica, de Javier Diez Canseco y la media docena de congresistas que más o menos lo siguen. Otra electoral-regional de gente que no quiere perder el prestigio que los llevó a ganar las elecciones en sus respectivas regiones.
Entre los segundos están el cajamarquino Jorge Rimarachín, expulsado del nacionalismo por decir que Conga no va, y ahora los cinco congresistas cusqueños descontentos con el manejo del conflicto en Espinar. A estos puede sumarse algunos congresistas mineros ilegales o cocaleros cabales que Humala recogió por el camino.
Podría decir que entre pitos y flautas un tercio de la bancada de Gana Perú está descontenta y lo ha dado a entender en un momento u otro. Los motivos para no haber roto hasta ahora son variados, y el que más pesa es que para la gente de izquierda no hay realmente dónde ir si salen de Gana Perú y de debajo del paraguas humalista.
Pero puede llegar el momento en que a muchos oficialistas les resulte más costoso mantenerse dentro de Gana Perú que salir a ganarse la vida en la calle política. Aunque si ese momento llega, llegará también el espectáculo del fujimorismo y otros derechistas varios sosteniendo al Ejecutivo con sus votos parlamentarios.
Diez Canseco y otros proponen como salida eliminar a Óscar Valdés. Una propuesta que solo tiene sentido si Valdés es reemplazado por un gabinete de recomposición de relaciones con la izquierda moderada. Como volver a los tiempos anteriores al conflicto de Conga. Difícil, pero no imposible. Más fácil parece que el Ejecutivo haga clientelismo en el hemiciclo.
De modo que en un sentido más que figurado, el Ejecutivo ahora tiene un conflicto político-ambiental también en el Congreso. Solo falta saber si los congresistas simpatizantes con las movilizaciones empezarán a visitarlas. Pero no siempre van a ser bien recibidos, pues muchos dirigentes locales no los ven como apoyo sino como competencia.
