¿Cuál va a ser la tendencia de la aprobación de Ollanta Humala en las próximas encuestas? Las apuestas están 50/50. De un lado la capacidad de la protesta para imponer la agenda política nacional habla de un presidente poco hábil. De otro, esas mismas primeras planas hablan de un presidente acosado por el caos, que necesita apoyo.
A partir de aquí la lucha es con segundos afuera, y en consecuencia las encuestas van a tener un creciente sabor plebiscitario. Pero no solo Humala estará sobre esa balanza, sino también el modelo económico y la naturaleza de la democracia. Como si el humalismo antisistema pre 2011 volviera a votar, ahora en las encuestas.
Para los nuevos enemigos de Humala en la izquierda de la protesta su reciente mano dura ante los conflictos marca un punto de no retorno para el gobierno. Es decir, una suerte de vacío de izquierdismo que ahora puede ser llenado sin problemas. Así el antihumalismo de esta hora empieza a operar como un humalismo de reemplazo.
En otras palabras, la versión es que los conflictos han empujado a Humala más a la derecha de lo inicialmente tolerado por sus socios de la izquierda. Este proceso es visto como un desbarrancadero. Esta semana Otra mirada, el boletín en la red vinculado a Ciudadanos por el Cambio, ya lo ve camino de repetir el autogolpe autoritario de 1992.
¿Suena exagerado? En efecto, este tipo de versión parece estar asumiendo, mismo Francis Fukuyama, que la historia de este gobierno termina en Cajamarca y Espinar, y que Humala va a quedar entrampado en la reacción a esos dos escenarios. Estos funcionarían como una combinación de Bagua 2007 y Locumba 2000, es decir como la construcción de una candidatura radical.
Hoy Humala está frente a dos presiones muy definidas. Una de la izquierda moderada y el centro izquierda, que le está exigiendo reemplazar la mano dura por la eficacia política. Otra de la extrema derecha que le recomienda terminar de una vez por todas con todo vestigio de relación con quienes lo ayudaron a llegar al poder, y hoy reclaman.
El primer camino parece menos atractivo, más difícil, pues supone cambios de personal, de estilo y en la correlación de fuerzas en la cúpula. Además tendría un cierto sabor a concesión a los enemigos de esta hora. En cambio, terminar de deteriorar las relaciones con la izquierda y las bases podría no requerir el menos esfuerzo.
Lo que necesitan Humala y el humalismo hoy es estabilizar su vuelo. Podrían comenzar haciendo que reaparezca allí donde efectivamente existe el Partido Nacionalista que parece haber desaparecido con las elecciones. Sería notable que además de paralizar Conga y Tintaya, las dos protestas del momento liquidaran a todo un partido de gobierno.
