Por Mirko Lauer
La ONG Survival International acaba de conceder el premio al artículo racista del año 2009 al periódico limeño Correo, por la publicación de un texto que en junio pasado propuso entre otras cosas (y esto es lo que debe haber impactado en el jurado) rociar con napalm a los indígenas dedicados a la protesta contra el gobierno peruano.
En la medida que Survival no da nombres, debemos entender que el premio va a la familia propietaria del diario. El premio supone que nadie en los 82 países con grupos indígenas donde opera la ONG (http://www.survival-international.org/news/4885) ha practicado el racismo de una manera más clásica o impactante.
El galardón no toma por sorpresa a nadie, pues este diario cuenta, junto a una plana de gente respetable, con más de un colaborador dedicado a denostar de grupos étnicos que son justo los que acaparan las cifras de pobreza. Todo esto se realiza, pareciera, bajo el signo de la sinceridad y un aristocrático desdén por lo políticamente correcto.
La nota de prensa de Survival da varios ejemplos de la prosa que ha ganado el premio. Se trata, obviamente, de difundir este racismo de campeonato por el mundo, donde a muchos les recordará el imperio de los afrikaners en Sudáfrica. En esa medida no es preciso citar las frases premiadas aquí en el país, por lo ofensivas que resultan.
No es este, por cierto, el único caso. El país también aloja un grupo de jóvenes nazis, dados a lucir la parafernalia y algunas ideas de aquellos carniceros germánicos. Se trata, como en la fantasía cartográfica del artista uruguayo Joaquín Torres García, de un mundo al revés. ¿Cómo les hubiera ido a nuestros nazis locales en la Alemania de los años 30-40?
Todos estos son casos de racismo duro, que existen enquistados en formas más blandas (menos sinceras) de racismo cotidiano, cuyo balance final está en los diversos promedios de acceso a recursos (ingresos, servicios) ordenados por etnia, color de la piel o fenotipo. Es en ese contexto que se dan las excepciones.
Algunas formas de exclusión racista están expresamente prohibidas en el país, y por cierto en estos años Indecopi ha cerrado más de un establecimiento por practicarlas. Pero el país no es una discoteca, y la libertad de opinión ampara también el insulto racial periodístico abierto, el oblicuo, o el más o menos velado.
¿Cómo librarnos del racismo? Una forma es no dejándolo pasar inadvertido, es decir señalar su presencia, incluso cuando ella está disfrazada de cualquier otra cosa. En este sentido el premio de Survival International termina siendo un galardón a todo el Perú, un país donde se produce este tipo de discurso que humilla sobre todo a quienes lo profieren.
