El reconocimiento por parte de Óscar Valdés de que hay problemas para concretar muchas nuevas inversiones en el fondo es más político que económico. En este caso la alusión no parece ser estrictamente a Conga, sino a todo el sistema de autorizaciones estatales que permite, o más bien en estos tiempos no permite, o permite menos, poner negocios en marcha.
Sin duda el activismo ecológico y los reclamos comunitarios, a veces casi imposibles de negociar, están entre las principales barreras. Esta manera de crearle un espacio al radicalismo en la política de las regiones puede favorecer a la inclusión y al medio ambiente, pero al costo de poner a prueba la paciencia del Estado y de los capitalistas.
El famoso efecto Bagua paralizó numerosas decisiones de políticos, de capitán a paje. Lo que se busca desde entonces, en ministerios pero también en municipios, son inversiones demostradamente 100% libres de toda posibilidad de conflicto. Lo cual prácticamente no existe. Entre Bagua y los petroaudios liquidaron hasta la fecha la inversión petrolera.
Pero quizás la barrera más importante está en los propios ministerios, donde la burocracia de todo nivel ha aprendido que aprobar algo es asumir una responsabilidad, y que mejor es arrastrar los pies hasta que la presión se acumule. No es por criterio político, sino por un temor a la maquinaria de denuncias que opera desde los medios.
A todo nivel y en todo sector, la parte de la administración pública que tiene que ver con autorizaciones de negocios funciona como una tranquera que siempre demora levantar. El ambiente puede ser básicamente honesto, y allí se respira mucho más temor que avidez, y una obvia indiferencia ante las urgencias de los negocios.
El propio sector privado participa en el problema con las zancadillas entre intereses particulares. Cada vez más concursos públicos son pasmados contra toda lógica que no sea la de favorecer a un amigo secreto en una siguiente edición (acaba de darse en dos licitaciones aeroportuarias seguidas). En estas peleas entre intereses privados muchos funcionarios tienden a inhibirse, y patear las cosas hacia adelante.
Quizás el exceso de tolerancia frente a la inversión ocurrido en años pasados está detrás de algunos de los bloqueos de estos días. Sin embargo es notorio que los problemas los tienen los proyectos nuevos del campo y la ciudad, mientras que las inversiones ya realizadas gozan de miradas más favorables.
El asunto que ha detectado Valdés no parece de fácil solución. A pesar de contar con un partido y cuadros, el Apra no logró controlar del todo los ministerios. Quizás por eso los esfuerzos se concentraron en unos cuantos grandes proyectos de inversión capaces de impactar favorablemente en el PBI. Precisamente los blancos de muchas protestas de hoy.
