Por Mirko Lauer
Más o menos un mes después del destape de su juego con la candidatura presidencial, y con 6% de fans en una encuesta de Lima, Jaime Bayly no llega a ser realmente parte del paisaje político. Mejor para él, dirán algunos. Después de todo convertir rating televisivo en presencia institucional le está funcionando por el momento. Uno se pregunta por qué otros u otras no lo hacen.
Lo que mantiene las sonrisas en su sitio hasta el momento es la percepción de que el escenario político es una pista secundaria respecto del espacio de TV y la página del diario. Esta última es el tabladillo de confesiones más bien profundas, por llamarlas de alguna manera. Pero secundarios o primarios, los tres escenarios de Bayly se reciclan mutuamente, y casi todo es diversión.
Pero asoma un temprano desgaste. Convertidas en opiniones de un político, aunque sean de un “político que no es político”, las ideas de Bayly empiezan a atraer otro tipo de atención del público. Sobre todo en la línea de la curiosidad por los predicamentos privados de la persona. Las ideas, incluso algunas originales y de real impacto potencial, no están logrando sobreponerse al espectáculo.
En verdad las de este comienzo de campaña son demasiadas ideas, demasiado fuertes y demasiado variadas, como para ser digeridas por el público. Un poco como los comentarios semi-anónimos a la prensa que aparecen en la red: sentimos que en ese espacio de libertad expresiva se ha dicho mucho, incluso cosas valiosas, pero nos cuesta identificar cuál es exactamente el balance.
Lo que revela una parte de la situación es que si bien los socios políticos de Bayly aparecen (uno de ellos incluso ha montado quiosco mediático propio) pero dan la impresión de estar a buen recaudo, esperando qué va a pasar realmente. Una pregunta que los va a acompañar por largos meses. No descartemos que terminen llevándose su inscripción del JNE a otra parte.
Pero eso probablemente no le movería un solo fleco a Bayly. El mismo ha mostrado más de una vez que la duda sobre si será candidato o no está en el centro de su imagen política. Cabe preguntarse cómo se reparte ese notable 6% entre los fans de su candidatura y los fans de su no-candidatura. ¿Hay algo más antisistema que decir que se va a votar por alguien que uno piensa que no va a candidatear?
En cualquier caso Bayly se está divirtiendo mucho en esta montaña rusa donde por el momento todo es hacia arriba. De paso ha reanimado a Pedro Pablo Kuczynski, al mostrar que un buen shock de adrenalina publicitaria permite cruzar la barrera del 3%. Quizás lo que PPK y otros precisan es un buen programa en la TV de señal abierta.
