Varios de los personajes de izquierda que han dejado el gobierno afirman que este se ha derechizado irremediablemente. No es lo que dicen los izquierdistas que se han mantenido en sus puestos, o los que han entrado a ocupar los puestos vacantes. Cada cual habla de la fiesta según le va en ella. Pero el tema merece comentario, pues es sobre más que puestos.
Es verdad que la izquierda tiene menos presencia en el nuevo gabinete, comenzando por la partida del liberal y concertador Salomón Lerner. Pero llamar a todos los reemplazantes derechistas parece una exageración. La mayoría son funcionarios sin inclinación ideológica declarada, y algunos incluso gente con ideas progresistas.
Respirar por la herida impide ver el escenario político con claridad. Llamar a la salida del gabinete Lerner y su entorno una ruptura con la izquierda es excesivo. Para comenzar no todos los renunciantes vienen de ese sector. Entonces la gente que ha salido no debe ver esto como el final del camino. Las heridas también se restañan.
Tampoco puede autodefinirse ese sector en virtud de su cercanía o lejanía del poder. Una izquierda moderada bien organizada, o al menos bien coordinada, sin falsos valores en su liderazgo, y con cuadros dentro y fuera del gobierno, siempre será una fuerza positiva a tomar en cuenta. La cosa es estar disponibles para lo que interesa.
Ha hecho bien Lerner en no sumarse al coro de los neosatanizadores. Nada dice que las puertas de este gobierno le estén cerradas para siempre. Mañana sus habilidades pueden volver a ser necesarias. Cambios de fortuna mucho más dramáticos se han visto. Solo los deslenguados no tienen segundas oportunidades en política.
Mientras mantenga sus propósitos de inclusión y énfasis en lo social, Humala va a seguir precisando funcionarios y políticos con relaciones capilares con el pueblo. Algo quiere decir que los haya conservado en su Ejecutivo, a pesar de los cambios. No están allí por su ideología (valor secundario en estos tiempos) sino por su eficacia.
La derecha con voz en el espacio público es mucho más ideológica que el gobierno o sus izquierdistas. Quizás porque sus ideas han sido dominantes 20 años, y en lo económico, único ámbito que realmente les interesa, no les ha ido mal. Ahora la presencia de unas pocas ideas diferentes en el poder los irrita, a pesar de la crisis mundial del neoliberalismo.
Los izquierdistas que están tirando la puerta y pasando a la oposición (más escrita que actuada) le dan demasiado peso al cambio de gabinete. Actúan como figuras individuales con poco sentido de estrategia colectiva. Es cierto que varios de ellos son personalidades importantes en sí mismas. Pero en estas cosas, como dice John Donne, ningún hombre es una isla.
