Si bien sus problemas en estos tiempos son sobre todo con figuras de izquierda, Ollanta Humala también debe estar harto de la derecha. El giro que dio fue pragmático, y en esa medida realista, en lo económico. Extender el giro al terreno político ha demostrado ser catastrófico, por un cúmulo de motivos que se hacen cada día más evidentes.
El giro político produjo un vacío de liderazgo izquierdista, que como un hueco negro se ha venido chupando el margen de acción del presidente. En esta etapa ese vacío pretende ser llenado por un movimiento político llamable “protesta con diálogo”.
La derecha felicita a Humala por estar “haciendo lo correcto”, pero no le da apoyo sobre el terreno. Además sus medios se dedican a promover activamente a los líderes de la protesta cajamarquina, como Humala mismo se los ha hecho notar en Palacio hace poco.
Probablemente la idea de lo anterior es que levantando a los izquierdistas opositores, y magnificando de paso la protesta, se puede ir ahondando la distancia entre Humala y la izquierda, y avanzando hacia una ruptura final. Es decir la llegada a un punto de no retorno.
Los cuadros de derecha subidos a bordo y los que rondan algunos ministerios no han demostrado tener más utilidad política que los de izquierda. Conga post Valdés no ha sido manejado mejor que Conga pre Valdés. En los hechos esas figuras de derecha acaban de ser reemplazadas por dos curas mensajeros.
La derecha solo ha estado funcionando activamente como reclamona (y además con un estilo
particularmente desdeñoso) y, en algunos medios de prensa, como autodesignada jefa de personal del Estado. Cada vez es más evidente que para Humala no hay nada que ganar allí.
A estas alturas Humala debería de estar reconsiderando su distancia de parte de la izquierda. Pues en la derecha solo le están pidiendo represión, y cuando esta fracasa, entonces más represión. Con lo cual Humala pierde sus opciones a ubicarse en el centro político para gobernar.
El distanciamiento de la izquierda, y cómo fue manejado, resultó una pérdida. Quizás la partida de algunos camaradas particularmente cargosos y doctrineros fue un alivio, pero en términos generales el balance es negativo, y no solo en el escenario cajamarquino.
La derecha no ha entregado nada a cambio de los favores de Humala, más allá de un “gracias, buen hombre”. Solo Alan García ha hecho desde allí una defensa franca y abierta, entusiasta incluso. Los demás se han mantenido en balcón, dando consejos críticos al vuelo en el mejor de los casos.
¿Podremos todavía ver el regreso de Humala a formas moderadas de izquierdismo político, y la vuelta de ese tipo de izquierdista a más posiciones en el gobierno? No es nada descartable. Incluso, muy posible. Aunque la palabra clave en este tema es “moderada”.
