Hay una sobrerreacción en lo de las pintas sobre la base de la estatua de José de San Martín. Ciertamente ha sido un acto poco cívico contra el ornato de la ciudad, que merece alguna reconvención a sus jóvenes autores. Pero a la vez es un agravio que se resuelve con algo de aguarrás u otro solvente orgánico. Nada que no contemplemos impasibles sobre tantos muros de la ciudad.
Los jóvenes han sido llamados vándalos, lo cual han sido a medias, y poco ha faltado para que se diga que las pintas han sido contra la propia independencia del Perú.
La clave del furor, que ha capturado hasta al Presidente de la República, es que estos insolentes calígrafos han marchado en la protesta de la CGTP. Escandalizarse ha sido una manera de descalificar la marcha. Pero para hacerlo se ha tenido que botar al niño con el agua sucia o, si se prefiere, hacer una tormenta en un pomo de aerosol.
Detener al puñado de jóvenes sindicados como los autores es un exceso. Además, como no todas las fotos mostradas coinciden con los nombres presentados, podríamos estar ante un caso de falsa acusación. Pero aun en el caso de los reales causantes, estos u otros, la reacción de ninguna manera se condice con la falta cometida.
Todo esto revela incongruencias e inconsistencias. Si el tema es la defensa del patrimonio histórico, mejor invertido estaría el celo en perseguir a los destructores de huacas, saqueadores de tumbas o ladrones de templos cuya iniciativa frecuentemente adorna los medios sin que casi nadie se rasgue las vestiduras.
Si el argumento es el vandalismo, entonces fijémonos quienes vienen siendo excarcelados en varias regiones estas pasadas semanas. Allí la responsabilidad por la autoría intelectual o material de asonadas costosísimas para la propiedad pública o privada, y corresponsales de pérdidas de vidas humanas, es pasada por alto en silencio.
Han hecho muy bien algunos de los principales dirigentes de la marcha en aplicarse trapo en mano a limpiar de inmediato la base de la estatua de San Martín (una pirámide trunca de inspiración evidentemente masónica). Demuestra su buena voluntad, a la vez que la levedad de la falta. Han pasado de lavar la bandera ante la dictadura (2000) a lavar el monumento en una democracia.
En cuanto a la marcha nacional de la CGTP, en Lima hubo algunos choques con la policía. Pero esta fue pacífica como sus organizadores anunciaron, sobre todo si la comparamos con algunas movilizaciones de este primer semestre. Presidente y alcaldesa deben recordar su participación en más de una movilización similar.
