Antes de partir a Europa Ollanta Humala invitó a algunos dueños y directores de medios para comunicarles un desagrado frente a la manera como estos vienen tratando a los personajes enfrentados al gobierno. La idea es que esas figuras tienen demasiada cobertura, y dentro de ello hasta benévola, lo cual inclina la cancha política a su favor.
Los convocados tomaron nota y no comentaron mucho, ni ha habido grandes titulares sobre el particular. Humala les ha transmitido una opinión personal, pero que sin duda está recorriendo el gobierno. Algo así como que la prensa se ha vuelto parte del problema, y no de la solución. Un mal pronóstico si los hay.
Humala está descubriendo algo que ya debería conocer al revés y al derecho: chocar con el gobierno atrae los reflectores de la prensa, cuanto más intenso el choque mayor el magnetismo. Así sucede en todos los países donde hay libertad de prensa y competencia comercial, y cada gobierno democrático ve cómo maneja ese predicamento.
En el caso específico del terrorismo, ya tuvimos ese debate en los años 80, resumible a grandes rasgos en términos de si convenía más información o menos información para contrarrestar el fenómeno. Los gobiernos de entonces bloquearon mucha información, pero los medios difundieron todo aquello a lo que pudieron echar mano.
¿Cuál fue el balance de eso? El principal resultado fue que la libertad de publicar a pesar de los bloqueos ayudó a mantener a los gobiernos democráticos en medio de la guerra, que no es poca cosa. El otro es que hay una relación inversamente proporcional entre información de la guerra e infracciones a los derechos humanos.
El caso de la protesta de estos días es muy diferente. El gobierno no tiene al frente a terroristas sino a autoridades elegidas o a aspirantes a serlo. Mutatis mutandis, hay argumentos válidos de los dos lados. La información tiene un papel importante en dilucidar, por ejemplo, cuáles son y cuáles no son tales argumentos plausibles.
El asunto es que cuando el conflicto se da dentro de los márgenes de lo democrático y lo legal, o incluso al filo de esos espacios, estamos en el fondo también ante una competencia de habilidades políticas. En esto los dirigentes de las protestas no han sido menos cundas que los del gobierno, y a veces bastante más.
Si el propósito de Humala era recordarles a los medios de qué lado ellos están, no debería olvidar que casi todos esos medios estaban cuadrados contra él hasta hace poco más de doce meses. Sin embargo al candidato entonces llamado antisistema nunca le faltó prensa cuando tuvo algo espectacular que denunciar.
