La captura de Artemio es un estupendo logro del gobierno, que cumple con la promesa inicial de avanzar con decisión contra las columnas armadas en la selva. En verdad no es el primer cabecilla neutralizado en el Huallaga o el VRAE. Pero el nexo de Artemio con el primer Sendero Luminoso y su dominio del terreno le dan a esta captura un significado especial.
Lo deseable es que ahora, como en 1992, la caída del Nº 1 precipite la de toda su organización. En efecto ya se habla de una desmovilización de sus seguidores, y la versión sobre senderistas participando en la emboscada habla de una desmoralización. Pero una lección de 1992 es que no hay finales abruptos en este tipo de historia.
El primer SL era casi un culto religioso, cuya virulencia no sobrevivió al encarcelamiento de su creador. El SL de Artemio parece más un modo de vida en la espesura, una pequeña esquirla dependiente de un gigantesco negocio transnacional. Estamos hablando de un cuadro militar reemplazable. Más aún, que ya está necesitando reemplazo urgente.
Para el narcotráfico perder un cabecilla con la experiencia de Artemio es un golpe duro. Con él se va mucho en términos de legitimidad entre la población, capacidad operativa, y confiabilidad. Pero su principal activo no ha sido Artemio o algunos de sus equivalentes, sino la estructura productiva de las zonas cocaleras, hasta aquí irreemplazable.
A pesar de la vulgata maoísta que él esgrime, la saga de Artemio nunca pudo ser más que la lucha por mantener operativas las fuentes de abastecimiento para el negocio de la droga. Esta lucha va a seguir, así como aquella otra, a la postre más sanguinaria, por mantener fluidos los canales de exportación a través de la costa norte del país.
Todo esto lo comprende bien la policía, que ha dado a entender que la captura de Artemio va a significar una mayor activación de su distanciado colega José. Sobre todo en lo de abrirle a la droga rutas VRAE alternativas a las rutas Huallaga que se cierran. En este negocio, sin control de rutas todo es ilusión.
Desde la perspectiva del Estado la batalla final no está en la necesaria captura de cabecillas, en el fondo descartables para el narcotráfico, sino en la eliminación de la agricultura de la coca que va al narcotráfico, que es casi toda. Allí no hay Artemios sino un gran Fuenteovejuna cuyos líderes llegan hasta el Congreso.
Ahora hay que esperar las reacciones a la importante captura. Como se sugiere más arriba, podría empezar una lucha entre sicarios por territorio. No es descartable algún atentado terrorista. Es probable una confrontación entre los senderistas que desean rendirse y los que desean seguir en este modo de vida.
