Por: Mirko Lauer
El anuncio de una sesión a la que se invita a los 120+ congresistas en Ica ha despertado algunas resistencias en el propio hemiciclo. En esencia los críticos dicen que es un gasto innecesario (se habla de unos S/.200.000). Algunos contemporizan postulando que bastaría con que sesionen allá unos cuantos. Está claro que el paseo parlamentario va a traer cola.
La descuidada zona del sismo se ha convertido en un poderoso imán político. Ollanta Humala ha asumido la conducción de los trabajos, y ahora el Congreso va a hacer una suerte de peregrinaje solidario a los escenarios de la tragedia, lo cual sin duda incluirá escuchar voces de los damnificados.
Los antecedentes de la iniciativa probablemente están en los consejos de ministros descentralizados de estos años, en los cuales el propósito es enfocar la atención en los problemas de una determinada localidad. Lo cual mueve a recordar que Ica es bastante más que las ruinas del terremoto, y una economía comparativamente próspera.
Cabe preguntarse cómo va a estar organizado el desplazamiento. Por ejemplo, la proporción entre realizar un debate parlamentario, explorar el terreno y escuchar a los protagonistas. ¿Hay un papel para las autoridades locales? Además no es automático que el Congreso llegue a las mismas conclusiones que el Ejecutivo.
Sería ideal que un viaje como este sirviera para fortalecer la mano de las autoridades locales, empezando por el presidente de la región. Si bien el anterior no parece haber hecho mucho por aquellos damnificados que era posible ayudar en aquellas revueltas circunstancias, el actual es nuevo y debería ser incluido en el esfuerzo del gobierno.
En todo caso, desde la perspectiva de las relaciones públicas, el alicaído Congreso puede ganar puntos a partir de la idea del acercamiento directo a las poblaciones. Es algo así como Mahoma trasladándose a la montaña. Si no sucede nada terrible, lo más seguro es que veamos otros viajes similares, a lugares más exigentes (¿Puno? ¿Ucayali?).
La idea de sedes del Congreso alejadas del espacio central de la política existe en unos cuantos países. El vecino Chile trasladó el suyo a Valparaíso en 1990, con ánimo descentralizador. En el caso peruano la corte constitucional, hoy Tribunal Constitucional, fue establecida en Arequipa, pero terminó en Lima.
Aun cuando algunos congresistas expresen su desacuerdo no viajando, como parece que será el caso de los fujimoristas, esta jornada a Ica promete ser memorable. Por lo pronto el debate ya evoca el célebre cuento “Un viaje” (1840), donde Felipe Pardo sugiere que a veces los preparativos pueden opacar al viaje mismo.
