¿Está el Perú mejor insertado en el mundo que antes? ¿O son casi todas ilusiones ópticas de la globalización? Hubo un tiempo en que el titular periodístico Peruano triunfa en el extranjero tenía gran sentido: eran realmente pocos, porque el mundo exterior era cuesta arriba. Nos alegrábamos, o más bien nos consolábamos, con la excepción.
Pero algo ha cambiado. Ahora los éxitos internacionales también se producen fronteras adentro. Triunfar en el mundo ya no es exclusivamente triunfar en el extranjero. Los principales alicientes fuertes para emigrar siguen gravitando, pero es notoria la feria de oportunidades que se va expandiendo en el país, no solo en Lima.
Un cambio importante en la nacionalidad es que cada vez más los migrantes que dejan el Perú se mantienen dentro de la peruanidad, en lo que es una fábula posmoderna de las comunicaciones: estamos cada vez más en el mundo exterior, los emigrantes peruanos de todas las clases logran mantener su espíritu en el Perú sin perder viada cosmopolita.
Ahora nos da por autoelogiarnos sin rubor por todo logro mundial que alcance a un compatriota. La cifra de los negocios, el renombre de la cocina, los accesos a grandes premios mundiales como el Nobel o la nominación al Oscar. En el campo medio del mérito global ya los peruanos son demasiados triunfos como para hacer la lista.
El mundo exterior responde a nuestro esfuerzo globalizante tomándonos en cuenta, a un grado que antes no se daba. La estabilidad política atrae inversionistas. La actitud proactiva frente al propio patrimonio atrae turistas. Ese tipo de atención nos va modernizando, y en esa medida también nos conflictúa, como siempre lo hizo aquí la novedad.
Algunas cosas todavía no nos son dadas, como alcanzar a Chile en algunos campos, clasificar al mundial de fútbol (¿alguien piensa realmente en ganarlo?), o salir de las peores listas que miden la carestía social. Digamos que la inmensa mayoría de los logros del Perú frente al mundo son individuales, no colectivos, y eso tiene algo de inquietante.
Una lectura de las encuestas sugiere que nos es más fácil criticar el problema subsistente que elogiar la solución alcanzada. Un ejemplo: las mejoras en los indicadores socio-económicos, algunas de ellas éxitos mundiales por derecho propio, no parecen despertar mayores simpatías. Por momentos parece que ni siquiera entre los beneficiados mismos.
Vemos, pues, que los triunfos en el exterior y los avances dentro del país no llegan a hacer de nosotros todavía un país contento del todo. Si la noticia internacional la ocupan los peruanos triunfadores, la nacional parecen monopolizarla los peruanos descontentos, con buenas razones o sin ellas. Como que haber avanzado dentro del país no parece tan fácil de soportar.
