La reaparición de Marisol Espinoza en escena sugiere que el nacionalismo se siente cada vez menos cómodo a la sombra de Palacio. Como sucedió en el gobierno anterior, el partido viene siendo borrado del mapa por el Ejecutivo. Pero el nacionalismo no tiene el ánimo disciplinado del Apra de estos tiempos, y las presiones pueden reventarlo.
Al pasar de pirómano a bombero Ollanta Humala implícitamente también dejó atrás su interés en mantenerse como jefe partidario. El impacto más fuerte de la falta de una explicación del cambio ideológico ha sido en todas aquellas bases partidarias que no participan directamente en la gestión de gobierno, que son la mayoría.
El nacionalismo triunfante es un partido intensamente aluvional, donde las lealtades al líder están compartidas con lealtades paralelas, sobre todo regionales e ideológicas. El acceso al poder ha sido un caramelo endulzador de las discrepancias, pero un año más tarde ese dulce se está acabando a ojos vistas.
Parte del cambio de Humala se ha traducido en la asignación de un papel mínimo al nacionalismo en el gobierno. Si descontamos tecnócratas, aliados y miembros de los círculos personales de la pareja presidencial, al partido de gobierno poco le queda entre las manos. Si además están perdiendo puntos en su región, el negocio es pésimo.
La pérdida de cuatro congresistas del ala más izquierdista del nacionalismo fue un síntoma elocuente de lo que estaba sucediendo, pero es improbable que ese sea el final de la historia. Hay en la bancada oficialista un silencio cauto que sería ingenuo leer únicamente como tácito apoyo al Ejecutivo.
Nadie ha explorado con detenimiento el papel de cuadros nacionalistas en los conflictos de estos últimos 12 meses. Es cierto que no aparecen del lado de las protestas, pero tampoco han aparecido confrontándolas. Más de uno debe tener el corazón partido en dos, y hasta en tres. En el conflicto de cerro Quilish (Cajamarca, 2004) el Apra local optó contra los dirigentes de Lima.
Para esos cuadros sobre el terreno debe ser una incomodidad ver cómo otras fuerzas avanzan con banderas que antes fueron del nacionalismo. Con el agravante adicional de que el nacionalismo se está quedando sin discurso que proponer a los descontentos del país. Lo cual además anuncia segura catástrofe para el 2014.
