Por Mirko Lauer
Alan García ha pisado el palito y colocado a un retocado Alejandro Toledo en la posición de víctima y contrincante privilegiado, algo que este candidato venía buscando, mediante diversas provocaciones, desde que empezaron sus vueltas al Perú. La expresión “loquito de la calle” confirma el periodo de brusquedad que está atravesando García, ¿pero favorece a Toledo?
Desde hace ya tiempo Toledo parece convencido de que instalarse en la carrera del 2011 como una suerte de antialanista profesional le conviene. En un año de esfuerzos no le ha permitido subir del tercer, y a veces cuarto, puesto en que se maneja. En ese tiempo García ha venido ganando una aprobación modesta, pero que Toledo no ha visto ni en película.
Hay algunas cosas que quizás no están considerando los asesores peruanos de Toledo. Una es que en el Perú una candidatura construida con denuncias no llega a ninguna parte. En el terreno electoral la gente se pone institucionalista y no ve con buenos ojos las trifulcas. Las campañas más peleonas no llegan a buen puerto.
El famoso spot de TV contra el shock ayudó a frenar a Mario Vargas Llosa en 1990, pero quizás también al candidato aprista que lo emitió. El spot del Fredemo con el mono que vejaba a los servidores públicos acaso también contribuyó a frenar a Vargas Llosa. Alberto Fujimori fue quien menos atacó (todavía no sabía cómo) y a quien mejor le fue.
Lo de lanzarse contra el gobierno es un recurso electoral lícito. Pero en el caso de Toledo tiene algo de gallináceo, dado que los sectores democráticos del país tuvieron que hacer esfuerzos para que no prosperaran las maniobras del fujimontesinismo por defenestrarlo a él, con acusaciones bufas y sin fundamento.
Pero si Toledo amenazado fue dramático, Toledo amenazador es cómico, sobre todo la idea de ir a quejarse ante el JNE cuando le responden sus ataques. De pronto termina marchando por las calles de San José de Costa Rica, enseñando sus yayas a la CIDH.
Además, que se sepa, la candidatura aprista no es la favorita en las encuestas, ni el principal peligro para Toledo, y el electorado aprista parece más bien el sector al que este candidato debe seducir, o por lo menos neutralizar. Si cree que con sus ataques está polarizando a su favor, se equivoca: al atacar al Apra en lugar del fujimorismo, se está fabricando el aislamiento del 2011.
Pero hay que reconocer que en esto de intercambiar sal gruesa ninguno de los protagonistas del incidente está solo. La campaña municipal ofendió los oídos más sensibles, y tuvo su cuota de acusaciones sin fundamento a la vista. Evidentemente los candidatos no tienen conciencia clara sobre el costo de deslenguarse en campaña.
