La remuneración mínima vital, RMV, o salario mínimo, es además un tema simbólico en la economía. No tiene un carácter obligatorio muy difundido, pero su peso referencial es grande: funciona como una suerte de piso del ingreso, o como una medida de cómo le va a los que menos ganan. Cuando se atrasa, para glosar al poeta cubano Heberto Padilla, muchos trabajadores bajan de peso.
Por eso si el gobierno arrastra los pies en reajustarlo lo hace quedar mal. Habla de la mezquindad de una economía boyante y del Estado rico frente a los pobres, y una resistencia a potenciar el mercado interno. El argumento de que aumentar la RMV crea inflación es ideológico, pues no dicen eso los ortodoxos a la hora de aumentar el precio de los combustibles, como acaba de suceder.
Este gobierno prometió un aumento de S/.150 a la RMV, pero luego dijo que lo entregaría a plazos. Los primeros S/.75 ya fueron decretados, y ahora falta el segundo tramo. Pero Ollanta Humala ahora lo ha anunciado de una manera más bien condicional, que lo demora, y habla a las claras de que hay presiones en el propio gobierno y fuera de él para alargar el plazo. Una espera que se le hace larga a los que ganan poco.
Tal anuncio de Humala, parte de sus promesas electorales cumplidas y de su política social, debió salir hace más o menos un mes. Los cubileteos internos terminaron decidiendo que el anuncio de impacto de Humala en ese momento sería más bien el rescate del lote 88 para el mercado interno. Esta semana problemas varios aconsejaron anunciar finalmente el aumento final de la RMV.
Es lo que ha hecho Humala. El estilo ha sido algo acalambrado, pero el anuncio fue hecho, y suponemos que llegará el momento en que se concrete. Una victoria personal para Humala, dado que ya casi no lo rodea gente muy interesada en promover una mejor relación con los trabajadores por esta vía. Pues el aumento de ingresos por decreto es sospechoso en la parte más influyente del empresariado.
Más atendible que el argumento que equipara RMV con más inflación es el que hace notar que la medida puede afectar la viabilidad de muchas pequeñas empresas. Debería haber un mecanismo fluido para que tales empresas puedan presentar sus costos. Pero sería lamentable que el argumento sirviera para apañar la informalidad y para aprovecharse de trabajadores con dificultades para la sindicalización.
También es preciso mencionar que la buena marcha de la economía está manteniendo buenos indicadores de empleo, y que esto viene elevando los ingresos por la vía del mercado de trabajo. Pero para muchos sectores, como el empleo doméstico por ejemplo, la RMV es un hito referencial que efectivamente empuja los ingresos hacia arriba. Esperemos que el anuncio de Humala no demore demasiado en concretarse.
