Por Mirko Lauer
Es probable que un Tribunal constitucional con problemas de prestigio, y en esa medida muy pendiente de la opinión pública, fuerce al TLC con Chile a volver al Congreso. Varios vocales ya tenían ganas de hacerlo desde antes de que reventara el caso del espía. De darse la medida tendría implicancias prácticas, pero sobre todo simbólicas.
Tal vez ese sería el gesto fuerte que calmaría algo las aguas de la indignación ciudadana. Pero de producirse en estas circunstancias es difícil que el veto a ese TLC no produzca algunas reacciones en cadena. Por ejemplo abrirles más el apetito a los nacionalistas o propiciar el repliegue de algunos tipos de capital chileno o re-militarizar la relación bilateral.
Lo que comenzó como una indignación del gobierno peruano con sectores de Chile puede en poco tiempo convertirse en un pulseo político con los enemigos de la presencia económica del vecino país. Si cae el TLC con Chile, no es descartable que las inversiones extranjeras en Paita sean el siguiente objetivo nacionalista.
La lista del desagrado nacionalista y proteccionista es larga. Que negocios como la energía o la aeronáutica sean chilenos le resulta un factor de irritación. Que sean importantes mediadores de las importaciones chinas tampoco ayuda. Esto a pesar de que no parece haber capitales peruanos interesados en reemplazarlos.
El paso a un periodo de trato diferenciado a las inversiones chilenas inevitablemente se traduciría en un fortalecimiento de la política local del conflicto diplomático con Chile. En su lógica última esto podría llevar a un aislamiento de la derecha peruana más interesada en mantener el modelo económico tal cual está.
Los mundos empresariales de los dos lados de la frontera están contando con que las relaciones económicas ya son demasiado importantes como para ser desmanteladas, o incluso significativamente contenidas. Incluso tan importantes como para mantener subordinados a sus respectivos militares, algo que también ha empezado a entrar en cuestión.
Desde un punto de vista las empresas chilenas aquí también significan empleos y utilidades de peruanos, recaudación para el gobierno, y en algunos casos modernización de la estructura productiva local. Desde otro punto de vista ellas significan una forma particular de dominio estratégico sobre la vida peruana.
Que es posible tener una relación diplomática inestable y a la vez una relación comercial fluida lo han demostrado los últimos diez años. Sin embargo presenciamos en estos días un debilitamiento de esta fórmula, que tiene enemigos internos en los dos países. Eso es lo que tiene en sus manos hoy el Tribunal constitucional.
