La versión de que el propósito de la actividad anti-Conga de Gregorio Santos es candidatear a la Presidencia de la República en el 2016 es sugerente, pero necesita algunos datos para confirmarse. Que su ambientalismo no es sincero, sino un trampolín político es una idea que no lleva a ninguna parte. Pues sincero o insincero un ambientalismo radical en principio conduce al mismo sitio.
Lo sugerente en la versión es que un presidente regional radical pueda sentir que tiene posibilidades de saltar a las grandes ligas. Santos lo ha negado, pero también en esto la sinceridad es un dato secundario. La cuestión de fondo es si un presidente regional radical tiene opción de llegar a la presidencia. Al hablar de un Santos electoral es también de Ollanta Humala que estamos hablando.
También en las elecciones del 2016 va a haber una casilla para un candidato “antisistema”, radical y ajeno a los partidos políticos llamados nacionales. Humala demostró que eso no puede ganar sin un injerto de votos moderados, pero a la vez demostró que el radicalismo puede ser una plataforma de lanzamiento suficiente. Es esto último lo que ha hecho pensar a algunos en Santos.
Pero no solo en Santos. También en Javier Diez Canseco, en Marco Arana, en algunos de los intelectuales de Ciudadanos por el cambio, o en presidentes regionales que no son Santos. El problema para este tipo de candidato es Humala, que ha sentado un precedente complicado: el radicalismo lanza, pero solo la moderación logra el objetivo, y luego el paso a la derecha permite gobernar más fácilmente.
Volviendo a Santos, quien al menos desde el 2012 no parece un líder nacional. En verdad hasta tiene problemas de imagen como líder cajamarquino al lado de Wilfredo Saavadra o Arana, que mueven masas sin las limitaciones del cargo que tiene Santos. Incluso cuesta un poco imaginarlo exitoso en un intento de reelección en el 2014, aunque sus rivales todavía no han aparecido en escena.
¿Qué le convendría más a un hipotético Santos 2014 o 2016? Terminar de frustrar Conga le daría una victoria importante, pero lo confinaría al rincón del radicalismo, donde la competencia es dura y donde los liderazgos todavía están geográficamente determinados. Además nada garantiza que la gratitud de la parte ambientalista del electorado cajamarquino o nacional dure mucho.
Pero Santos no tiene mucho margen para moverse hacia una salida negociada que produzca un Conga ambientalmente sanitizado. Las fuerzas ubicadas a su izquierda con las que ha hecho alianza no parecen moverse por votos, sino por ideología, que puede incluir un sentido radical de lo que es ecológicamente correcto. Santos no parece ser uno de ellos. Pero lo sea o no, su futuro político está en esas manos.
