¿Qué va a hacer el gobierno con su nueva crisis en el VRAE? La posibilidad de un golpe de mano que contrapese rápido las bajas sufridas por el Estado y el éxito mediático de los secuestradores hoy parece remota. Más bien parece la hora de sancionar a los responsables, políticos y operativos, y volver al tablero de diseño.
Que el gobierno no haya obtenido la victoria fácil que le fue ofrecida no significa que deba atrincherarse en alguna forma de derrota permanente, la más conocida de las cuales es que el Estado vuelva a no hacer mucho. A la opinión pública (que incluye medios y políticos) le gustan las victorias, pero no los inevitables costos de las batallas.
Es urgente establecer ante la opinión pública una descripción estable, solvente y fundada de la naturaleza del problema en el VRAE. La percepción de esas columnas oscila entre un puñado de criminales derrotables con un poco más de esfuerzo y una organización de gran eficacia que domina de forma efectiva una zona inexpugnable.
Es importante que el gobierno impida que su actuación de la semana pasada se convierta en un incidente transitorio. Aun si ello representa un mayor costo humano y político que las clásicas treguas mutuas, persistir en la búsqueda de una derrota del narcosenderismo aquí y ahora servirá para producir la unidad nacional que el primer ministro parece extrañar.
El gobierno está con sangre en el ojo por la conferencia de prensa que organizó el cabecilla ‘Gabriel’ hace unos días. Pero sería un error que siga sugiriendo una deslealtad de la prensa en este tema. El ocultamiento, o el desconocimiento, de la real situación en el VRAE ha sido uno de los factores problemáticos desde el inicio de la subversión.
Es un error confundir la habilidosa movida que envió a ‘Gabriel’ a las primeras planas con un triunfo importante sobre el terreno, como vienen haciendo algunos. Triunfo importante sería para ‘Gabriel’ haber desanimado al gobierno de avanzar en el empeño antinarcótico. El gobierno solo podrá reclamar unidad (léase apoyo) si persiste en serio.
Hoy sería de utilidad un esfuerzo diplomático para reforzar la ayuda de fuera frente al narcotráfico armado. El Perú no es Colombia. Pero no hay que esperar a ser Colombia en este asunto para mejorar los recursos intelectuales y materiales del Estado en esta guerra. Por ejemplo, helicópteros y pilotos más eficaces harían una diferencia.
En el fondo el país está más o menos en el mismo punto desde los años 90, en que primero se permitió a columnas armadas circular por las zonas cocaleras. Siempre fue política y económicamente menos costoso dejar prosperar ese far west que dar la batalla por establecer un orden diferente. Actitud que equivale a la adicción a una falsa paz.