Está apareciendo gente con pasado senderista, nexos Movadef o declaraciones de simpatía por Sendero Luminoso en inesperados lugares. Hay de todo, pero la postura más frecuente entre los ampayados es la práctica de una escisión entre las acciones y las ideas de SL. Esto tiene algo de movimiento en marcha, pero también de estado de ánimo.
Máximo Laura, prominente tejedor ayacuchano, primero reconoció que para un cambio usar la violencia es una necesidad. Emplazado, expresa repudio a SL. Más frecuentes son los casos de quienes declaran su rechazo a la violencia de SL pero reclaman la libertad de sus cabecillas, uno de los objetivos estratégicos del partido.
¿Cómo definir esta libre circulación de SL por toda la sociedad? Probablemente no hay una sola definición. La que abarca más terreno y tiene más poder explicativo habla de un SL que se ha tomado muy en serio su tarea partidaria en las aguas de la legalidad. Este es un SL que se prepara para ganar elecciones, ahora no solo en los sindicatos magisteriales.
En algunas zonas la expansión de SL se debería a un trabajo de hormiga de sus cuadros, que van prácticamente puerta por puerta a perorar en el estilo de algunas insistentes agrupaciones religiosas. No hay partido político en el país capaz de competir con este tipo de prédica, como lo viene descubriendo Patria Roja en el Sutep.
Un escenario aparte es el de la presencia de viejos cuadros de SL en el aparato del Estado. Algunos la consideran una deliberada infiltración; otros hablan de una suerte de deriva natural hacia la chamba pública en la cual hay, una vez más, de todo: topos políticos, personas arrepentidas o el efecto residual de antiguas simpatías sin consecuencia.
Lo que debe estar animando a muchos a salir del clóset senderista, o meterse a él, es la existencia del Movadef, en el cual se junta la defensa de una excarcelación de Abimael Guzmán con la defensa de derechos ciudadanos reconocidos por la democracia. Derechos que SL nunca ha reconocido, menos practicado, y que más bien execra como engaños burgueses.
El Movadef es en sí mismo una expresión del negacionismo que ahora una ley quiere tipificar como delito.
La práctica debe estar funcionando, acarreando hacia el activismo senderista a gente que probablemente no comparte la práctica sanguinaria de los años 80-90, y de pronto ni siquiera la narcosubversión armada en el Vraem.
Pero la violencia no está encapsulada en el Vraem o en el pasado. Más bien ella está fluyendo libremente a través de la práctica de los remanentes de SL en reconstrucción. La táctica de los “abogados democráticos” de socavar la sociedad usando la legalidad y sus leyes ahora se ha puesto los pantalones largos. Como hace 30 años, hay una lucha ideológica sobre el tapete.