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Sueldos públicos, ¿cuánto es demasiado?

Por Mirko Lauer

Cuando Alejandro Toledo entró a Palacio anunció que se estaba asignando un sueldo de US$18,000 mensuales. La protesta lo obligó a reducirlo a US$14,500. Eso tranquilizó algo las cosas, pero puede haber sido un elemento de su baja popularidad. Alan García decidió curarse en salud y se bajó el suyo a poco más de US$5,000.

Bajo Toledo los ministros recibían unos US$11,000, y García redujo la cifra a unos US$5,000, todo antes de impuestos. La nueva cifra que acaba de producirse no los acerca a los buenos tiempos de antes, pero al parecer es el aumento mismo, y su coincidencia de la crisis, el que ha producido las protestas.

Hay muchas maneras de mirar los ingresos ajenos, y probablemente todas tienen una relación con el sueldo que percibe quien lo está mirando el ajeno. Esto vuelve muy complicada la tarea de establecer un sueldo justo con dinero de los contribuyentes. Sin embargo parece haber límites en la opinión pública y mediática.

En otras palabras, la reacción siempre es comparativa. En el universo del movimiento cooperativo se resolvía este problema (¿todavía es así?) con una distancia máxima de cinco veces entre el sueldo más alto y el más bajo. En cambio en el sector privado, donde se obtiene más bien lo que se negocia, el cielo es el límite.

Hay un consenso sobre que policías, empleados de la salud o maestros ganan sueldos injustos, pero más allá de los interesados no hay un gran movimiento de indignación tocándole las puertas al Estado en este tema. Este sentimiento está reservado, comprensiblemente, para los altos funcionarios que se considera que ganan demasiado.

¿Ganan demasiado? Hay argumentos sólidos para pagarle lo más posible a un funcionario público. Uno es la importancia de su tarea. Otro es evitar que los mejores cuadros se vayan todos a servir intereses particulares en lugar de intereses de toda la población. Otro es evitar la selección al revés: que llegue a la planilla pública los que nadie quiere en la otra.

Un funcionario, público o privado, gana demasiado cuando su rendimiento no está a la altura del cargo que desempeña. Por el mismo principio se dan casos de gente que gana demasiado poco. Pero lo injusto nunca es la cifra misma, sino su relación con el cumplimiento de la tarea encomendada. Ganar poco no es una virtud moral, en ninguna parte.

Sin duda hay algo que molesta en aquellas actividades que están en condiciones de subirse su propio sueldo. O incluso de bajárselo, como los congresistas del fujimontesinismo que en los años 90 prometieron mantenerse ganando el salario mínimo. Una norma permanente y neutra en este tema evitaría mucha vestidura rasgada en el futuro.

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Mirko Lauer Mirko Lauer

Mirko Lauer (Žatec, República Checa, 1947) Narrador, poeta, ensayista y politólogo. Es Bachiller en letras por la Pontificia Universidad Católica del Perú y Doctor en literatura peruana y latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, es autor de una amplia obra poética que comenzó en 1966 con el poema teatral En los cínicos brazos y que ha continuado con obras como Sobre vivir (1986) y Tropical cantante (2002). Como novelista, ha publicado Secretos inútiles (1992), Orbitas. Tertulias (Premio Juan Rulfo de novela corta 2005) y Tapen la tumba (2009). En 2010,publicó Bodegón de bodegones, un estudio de las artes visuales del Perú a través de su gastronomía, premio Gourmand para libros gastronómicos ilustrados.