Después de concederle el premio 2010 a un narrador peruano al que millones han leído, el premio 2011 es para un poeta sueco al que comparativamente pocos en el mundo han leído. El premio Nobel hace esas cosas, y va alternando celebridades de las letras con autores conocidos sobre todo en el estrecho círculo de su lengua y su género literario.
Casos recientes de esto último han sido la austriaca Elfride Jelinek (2004) y la rumano/alemana Herta Müller (2009). A ninguna de las dos el premio ha convertido en una celebridad mundial, si bien es seguro que ha multiplicado el número de sus lectores. En cambio da la impresión de que Mario Vargas Llosa hizo al Nobel más conocido de lo que era.
El poeta sueco Tomas Tranströmer ha sido traducido a muchas lenguas y publicado en muchos países, y en esa medida no es ni remotamente un desconocido en el ámbito de la poesía. Pero este ámbito poético, en el original o en traducciones, es una fracción mínima del público de la novela o de los géneros literarios ligados al espectáculo.
Los círculos que influyen en la decisión del Nobel venían considerando al octogenario Tranströmer una posibilidad desde hace tiempo. Pero al parecer premiar a un sueco en Suecia traía algunas complicaciones. De los seis suecos premiados antes solo un par (Selma Lagerlöf, 1909; Par Lagerkvist, 1951) sigue siendo realmente reconocido fuera del país.
Buena parte del prestigio del Nobel hoy está precisamente en que premia la calidad literaria al margen del éxito editorial, una forma de postular la autonomía de la república de las letras. A muchos lectores esto les sirve para entrar en contacto con obras de las antípodas culturales, que de otra manera nunca hubieran descubierto.
Se ha criticado al Nobel por premiar en ocasiones autores que no han perdurado en la atención del público, o por haber pasado por alto a autores de valor permanente (Marcel Proust, James Joyce, Jorge Luis Borges, cada uno tiene su lista). Aunque eso es algo que puede decirse, y de hecho se dice, de todo premio.
Tranströmer es un poeta lírico e intimista, sesgado hacia los climas del amor, muy dentro de la tradición poética de Suecia. Es una poesía con imágenes de enorme fuerza, envueltas en la discreción, que construye un mundo muy escandinavo de espacios aislados donde la palabra pugna con vastos silencios de la naturaleza.
A diferencia de la de otros ganadores, esta es una poesía fácil de leer, algo valioso en sí mismo. Unos pocos poemarios de Tranströmer ya circulaban en castellano, y muchos más en inglés. Su público ha venido creciendo con el tiempo. Este columnista lo conoció en las XX Jornadas Internacionales de Malmö, Suecia, en el 2006, y aprovecha aquí para felicitarlo.
