Por Mirko Lauer
El triunfo de la entente Jorge del Castillo-Omar Quezada no modifica datos básicos del Apra, como el enorme peso de Alan García en el partido o su geografía de poderes regionales, pero refresca el ambiente en Alfonso Ugarte. Sobre todo entroniza a los cuarentones como nueva generación de poder en la organización.
Para del Castillo es la segunda vez que tiene que compartir la secretaría general. La vez pasada tuvo que ser con Mauricio Mulder, y el argumento fue que del Castillo iba a tener demasiado poder. Pero hoy como ayer la verdad es que el poder de del Castillo es real, pero no tanto como para no tener que asociarse con García por interpósita persona.
Mulder se quedó en la secretaría general (del Castillo pasó al premierato) para un periodo en que la principal tarea de las bases apristas ha sido aportar cuadros a la gestión del Ejecutivo, y no hacerle olas. Lo primero se logró en la medida de lo posible. Lo segundo se cumplió a pesar de un constante batifondo de descontento.
El nuevo secretario general tendrá otros encargos, todos electorales. Uno de ellos será independizar un poco el rostro del aprismo de bases respecto del del Ejecutivo. Otro seleccionar los miles de candidatos regional-municipales. Luego está la campaña misma, después de la cual vendrá la creación del clima para las elecciones generales.
Todos estos movimientos comparten un mismo subtexto: preparar al Apra para su retorno a la oposición, siempre su mejor hora. No es accidental que el nuevo secretario general haya liderado en calles y plazas al Apra opositora al fujimontesinismo de 1992 al 2000. Aunque es preciso reconocer que Mulder también estuvo en esa brega.
Sin embargo el resultado de este XXIII congreso tan disputado no revela mucho acerca de quién será el candidato presidencial en el 2011. Es cierto que del Castillo queda muy bien ubicado para aspirar a la designación. Pero los plazos son largos, una mala performance en octubre puede influir, y la dinámica del tapado aprista no es la del congreso de bases.
En otras palabras, para ser designado candidato presidencial ayuda más una cercanía a García que un puesto prominente en el organigrama. Pero si la secretaría general no ofrece garantías, sí da una serie de ventajas menores. Además del Castillo ha aprendido que nunca en el Apra ser segundo ha sido un puesto estable, o siquiera cómodo.
En cuando a Quezada, suerte de segundo secretario del buró, es probable que lo termine secuestrando la vorágine electoral. Es de suponer que él va a coordinar el desafío que representa octubre para el grupo generacional que lo ha llevado al alto cargo partidario.
