Lo que ha puesto en evidencia la gestión de los dos ministros salientes es que el Vrae aloja algo más que un par de columnas armadas perdidas en la espesura. Los uniformados que luchan allí desde hace tantos años lo saben bien, pero la presión política de un presidente y dos ministros halcones los empujó a una ofensiva que no pudieron sostener.
Es evidente que una población que vive de la coca está del lado de los narcos. Lo cual pone a las columnas armadas en la situación ideal de moverse como peces en el agua, que describen los manuales. De modo que en este caso, como ha quedado demostrado, la cosa es bastante más complicada, y traumática, que entrar a la zona, ubicar y eliminar al enemigo.
No parece haber manera de avanzar en el Vrae sin neutralizar el apoyo, voluntario o forzado, de la población local a las columnas. Buena parte de estas duermen y se alimentan en los caseríos de la zona, y funcionan como milicias que defienden el gran negocio colectivo. Todo esto evoca horriblemente los años 80-90.
La opinión pública no se quiere hacer cargo de la situación. Aplaudió la ofensiva abruptamente concebida, celebró lo que parecían sus primeros éxitos, luego pasó a censurar los efectos de la estrategia, por así llamarla. La furia final, que es la que derribó a los ministros, tiene que ver con la sospecha de que estamos indefensos ante un enemigo decidido.
Hay, pues, algo llamable una crisis del Vrae, con varias facetas. Una de ellas es la pobreza de recursos, preparación y horizonte estratégico de policías y militares. Otra es la resistencia de los políticos a asumir el costo de ir realmente a la guerra. Pues hay en este tema desde hace años una tregua disponible, que es la que consolidó al narcotráfico.
Los argumentos para mantener la tregua están a la vista. La presión de Washington en el asunto de la droga ha disminuido visiblemente, entre otras cosas porque el producto local ahora está viajando a otras partes del globo. Luego está el poder corruptor del narcodinero que afecta también a quienes se le enfrentan dentro y fuera del campo de batalla.
Frente a la encrucijada del Vrae el asunto de qué nombres van a reemplazar a los ministros que se van puede resultar menor si los nuevos insisten en hacer ofensivas sin respaldo, como la que acabamos de ver. ¿Por qué harían esto? Por presión política y por desconocimiento de las realidades en este conflicto, que no se circunscribe al Vrae.
No es, cabe insistir, un asunto de personalidades, sino de política integral de Estado. En consecuencia, las primeras tareas de los nuevos ministros tendrían que darse en el campo de la construcción de un consenso entre los políticos y los profesionales con responsabilidad en el tema. No necesitamos más víctimas heroicas sino resultados económicos tangibles.
