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El debut de la Señito

Por Maritza Espinoza
mespinoza@larepublica.com.pe

Meter a una estrella de televisión a hacer cine en serio es una audacia que trae muchos pros, pero también muchos contras. ¿El mayor pro? Es un gancho marketero que no sólo garantiza gran rebote en la prensa (algo que, como en la propaganda, no tiene precio), sino una enorme afluencia de público interesado en ver a su cholíbrity favorita en una faceta desacostumbrada. ¿Y el peor contra? Que la presencia de la famosa opaque al resto del elenco, al propio director, al editor y hasta al sonidista. Salvo, claro, excepciones como la de Oprah Winfrey, que se llevó una nominación al Oscar por su labor en Color púrpura.

En todo eso debió haber pensado Fabrizio Aguilar cuando se decidió a dejar a la Señito de todos los peruanos desprovista de todos sus afeites y lentejuelas y la lanzó a la gran pantalla con un papel exigente y protagónico en Tarata. Pese a la buena taquilla (74 mil 213 almas en su primera semana de estreno), el segundo trabajo de Aguilar sólo ha tenido un par de poco benévolos comentarios en la crítica, algo que tal vez no hubiera ocurrido si apostaba por una actriz profesional.

Es que a los críticos serios no les gusta opinar sobre “faranduladas” y, si lo hacen, se ponen más severos que Migraciones con Arnie Hussid. ¿La mayor crítica que le han hecho? Que la ex Reina del Mediodía arruina la escena clave del filme: la terrible explosión que marcó un antes y un después de la guerra interna y que, en pantalla, la Señito contempla como quien mira a sus bailarines en “El show de los sueños”.

Pero tampoco es para que se lo tomen a pecho. La Gise ha demostrado ser una mujer que no le huye a los retos y podría decirse que parte de su diversión es que le caigan palos que ella rebota como waripolera experta, siempre con una sonrisa. A diferencia de otras coleguitas de estrellato (Bozzo o Medina), no se suele escudar en el avinagrado argumento de que la critican porque la envidian. Lo ha dicho ella y, por si acaso, el propio Aguilar: nadie pretende que Gisela Valcárcel se convierta en actriz. Tampoco lo han logrado, claro. Pero un joven director como Fabrizio ya tendrá oportunidad de que los palos le caigan por sus propios méritos.

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