Por Maritza Espinoza
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Los periodistas que nos dedicamos a comentar temas de televisión y espectáculos debemos acostumbrarnos a vivir con el sambenito de que no nos ocupamos de cosas trascedentes, sino de aquellas que -me lo han dicho mil veces- “no interesan a nadie”. Y, es cierto, la lógica y el sentido común nos dicen que, por ejemplo, el debate sobre el Museo de la Memoria es muchísimo más interesante que las intimidades de la mujer del “Puma” Carranza, pero las tendencias populares señalan exactamente lo contrario.
Según el más reciente barómetro de la Universidad de Lima, el nivel de información sobre las aventuras de la señora “Puma” es abrumadoramente superior al que tiene la gente sobre el debate en torno al museo del que nuestros gobernantes nos quieren privar.
Mientras sólo un 22% se confiesa muy informado e informado sobre este tema, un abrumador 63.3% manifiesta estar al día con las novedades del affaire sentimental más comentado del momento. Pero, curiosamente, a la hora de establecer la real trascendencia de cada cosa, el 74.1% de los encuestados está de acuerdo con la necesidad de establecer un Museo de la Memoria y un 77.7% opina que las andanzas de la doña no son de interés público.
Es decir, mientras nuestro consciente está obsesionado con los cuernos del “Puma”, algo en nuestro subconsciente nos dice que hay otras cosas que realmente importan. ¿Por qué una dualidad tan escandalosa? Tal vez porque, en el subtexto de eso que llaman “temas intrascendentes” está la raíz de lo importante: un pueblo al que tupidas -y prefabricadas- cortinas de humo no permiten mirarse a sí mismo.
