Barack Obama ha gobernado bien. Detuvo el colapso económico que heredó de Bush: sus políticas contracíclicas sacaron a la economía del precipicio. Hizo la reforma del sistema de seguro médico más importante de los últimos 45 años. Mató a Bin Laden. Salió de Iraq. Y no ha habido casos de corrupción u otro tipo de escándalo. Sin embargo, a 11 meses de las elecciones presidenciales de 2012, las perspectivas de Obama no son muy buenas. Su imagen positiva fluctúa entre 40 y 45%, y por lo general, los presidentes norteamericanos que no están por encima del 50% no son reelegidos.
El principal problema de Obama es la economía. A diferencia del Perú (donde un presidente puede estar en el piso mientras el crecimiento económico está en las nubes), la suerte de los presidentes norteamericanos depende casi siempre de la situación económica. Si la economía crece, los ingresos personales aumentan, y el nivel de desempleo está por debajo de 7,5% –como en los casos de Reagan en 1984, Clinton en 1996, y Bush en 2004– los presidentes son reelectos. Si no, pierden (Carter 1980, Bush padre 1992).
Si este patrón se impone en 2012, Obama perderá sin duda. La economía norteamericana ha crecido poco bajo su mando, gracias a la profunda crisis que dejó Bush, el persistente estancamiento de los países industrializados, y la negativa de la oposición republicana –que controla la Cámara de Representantes desde 2010– a aprobar más políticas contracíclicas. El crecimiento fue inferior a 2% en 2011 y el nivel de desempleo es casi de 8,5%. Desde 1940, ningún presidente norteamericano ha sido reelecto con un nivel de desempleo superior a 7,2%.
Pero Obama no está muerto. Según muchos analistas, la probabilidad de su reelección es 50-50. Si la logra, será sobre todo por la oposición republicana. El sistema bipartidista norteamericano ha cambiado profundamente en los últimos años. Mientras el Partido Demócrata –el de Obama– sigue siendo un partido de centro pragmático, el Partido Republicano se ha vuelto mucho más derechista e ideológico, convirtiéndose en lo que Juan Carlos Tafur llamaría una derecha bruta y achorada.
El cambio vino desde abajo. La base del Partido Republicano se ha radicalizado. Las tropas son muy ideológicas. Muchos son cristianos fundamentalistas; otros son ultraliberales que buscan volver al Estado minimalista del siglo XVIII. Según las encuestas, una mayoría de los republicanos rechaza la teoría de la evolución de Darwin, niega la existencia del calentamiento global, y cree que Obama es musulmán y quiere imponer la ley islámica. Esta militancia extremista forma la base del Tea Party Movement, el movimiento social más fuerte en los EE.UU., que hoy ejerce gran influencia sobre el Partido Republicano.
La influencia de la base republicana se ejerce a través de las elecciones primarias, que empezaron en Iowa el 3 de enero y siguen en New Hampshire el 10 de enero. Solo el 10% de los afiliados de cada partido vota en las primarias y, por lo general, es la gente más ideologizada. La mayoría de los votantes en las primarias republicanas son cristianos fundamentalistas o simpatizantes del Tea Party, y eso da aliento a candidatos extremistas.
De hecho, casi todos los precandidatos republicanos en 2012 son de la Derecha Bruta y Achorada (DBA). Ron Paul quiere eliminar al Banco Central y la mitad del gabinete y cree que el sistema de seguridad social y otros programas sociales son anticonstitucionales; Herman Cain quería restringir los derechos constitucionales de los musulmanes norteamericanos y sugirió una valla electrificada en la frontera para detener a los inmigrantes; Newt Gingrich criticó a Reagan por ser insuficientemente anticomunista; Rick Perry dijo que el sistema de seguridad social es “ilegal” y “antiamericano” y amenazó, como gobernador de Texas, secesionarse de la Unión; Rick Santorum quiere prohibir los métodos anticonceptivos y ha dicho que el aborto es peor que la esclavitud; y Michele Bachmann es tan derechista que hasta Aldo Mariátegui la considera “extremista”.
Solo hay un republicano moderado de importancia: el ex gobernador Mitt Romney. Un pragmático de centroderecha. Romney tiene recursos y el apoyo de casi toda la élite republicana. Pero la base no lo quiere. Hasta ahora, solo 25% de los republicanos apoyan a Romney. El resto de la tropa pasó los últimos seis meses desesperadamente buscando una alternativa. Muchos querían a Sarah Palin, pero la reina de la DBA norteamericana decidió no postular. Pasaron a Bachmann, y después Perry, Cain, Gingrich, y ahora Santorum. Pero el problema con los candidatos de la DBA es que una vez que son expuestos a la luz pública se autodestruyen. Perry no pudo contestar preguntas básicas en los debates; Bachmann dijo que la famosa batalla revolucionaria de Concord ocurrió en New Hampshire, y no en Massachusetts (algo como decir que la Batalla de Ayacucho ocurrió en Cusco). Cain cayó en escándalos sexuales. Romney, el candidato preparado pero no querido, se mantiene fuera del circo, beneficiándose del colapso de sus rivales. Todavía no supera el 25% del voto republicano, pero se ve cada vez más como el “mal menor.”
Es probable que Romney sea el único precandidato republicano capaz de ganarle a Obama. Para el electorado independiente, los representantes la BDA son espantavotos. Pero Romney también tendría problemas como candidato. Para ganar las primarias republicanas, Romney tuvo que derechizarse, lo cual ha significado varios cambios de opinión. En los años 90, por ejemplo, Romney creía que el aborto debía ser legal; ahora es antiaborto. Como gobernador de Massachusetts, Romney hizo una reforma del sistema de seguro médico muy parecida a la reforma de Obama; ahora se opone a tal reforma. Hace algunos años, Romney apoyaba regulaciones para proteger el medio ambiente y controlar la venta de armas; ya no. Entre el Romney de los años 90 y el Romney de 2012, hay muchas contradicciones. Y los “flip floppers” no caen bien al electorado norteamericano.
Si la economía sigue mal y la tasa de desempleo no baja, la reelección de Obama será difícil. Pero todavía hay esperanza para los Demócratas. Aldo Mariátegui pronostica un triunfo de Romney, y ¿cuándo fue la última vez que Aldo acertó en algo?
