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La crisis griega

“La situación no era sostenible”
 

Ignacio Molina, periodista y bloguero español.

 

Tan equivocado e injusto sería estigmatizar a Grecia pensando que es un país incompetente y sin solución, como creer que está sufriendo una conspiración internacional de acreedores y que no tiene enormes culpas. Está claro que la situación griega no era sostenible. Y no sólo por el engaño estadístico masivo, o por su gasto militar, o por la gran cantidad de funcionarios, o por el bajo número de empresas y sus endebles fundamentos productivos, o por su fraude fiscal..., sino porque todo eso no afectaba el hecho asombroso de que su PIB per cápita en 2008 (32.000 $) fuese 10.000 $ superior al portugués, 13.000 más que el de Corea del Sur, el doble que el de Estonia o Eslovaquia (que están ahora contribuyendo a su rescate), etc. Por doloroso que sea, Grecia ha de perder parte de esa riqueza artificial para ser competitiva. De hecho, ya lo está haciendo de forma heroica y rápida al bajar costes laborales, reducir importaciones o limitar el gasto público. No hay que asfixiarla en ese empeño y debe repartirse el esfuerzo con justicia.

 

“Dejar respirar a los griegos”
 

Carlos Carnero, Internacionalista y periodista.
 

Sí, Grecia tiene solución. Los griegos no son diferentes a ninguno de sus conciudadanos de la Unión Europea. Se enfrentan a una enorme crisis que nada tiene que ver con los inaceptables clichés que han circulado en estos dos últimos años sobre ellos y, por el contrario, sí mucho con la ineficaz gestión gubernamental y, no vayamos a olvidarlo, con los brutales ataques de los especuladores financieros sobre el país desde comienzos de 2010. Ataques, por cierto, que han utilizado a Grecia como vía para golpear a la moneda única, la Eurozona y, en general, a la Unión Europea. Lamentablemente, la respuesta de la Unión no ha sido acertada, aunque en la definición de la misma se hayan creado mecanismos que antes no existían y que son y serán básicos en el futuro para afrontar desde la moneda única posibles nuevas crisis. No creo que Grecia tenga que abandonar el euro: sería muy negativo para el país y el conjunto de la unión monetaria. Hay que relajar las condiciones de los préstamos y dejar respirar a los griegos.

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