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Apóyame

En los setenta, la selección nos distraía de las vicisitudes de la dictadura, de la ruina íntima de sabernos un país a medio hacer. Cubillas, Cachito, Gallardo, más que deportistas, eran templarios que defendían a chimpunazos ese acto de fe llamado peruanidad.  En los ochenta, la selección nos hermanaba para no mirar aquello que nos mataba. Con la violencia interna en su pico más intimidante, ir a la cancha era un modo de asistir a la terapia, y sentarse en la butaca, una manera de echarse en el diván. Además del trauma terrorista hubo que hacer frente al apocalipsis económico al que nos aventó el aprismo. La década exigía paciencia, tenacidad, pero también esparcimiento. Con el empeño de Cueto, Oblitas, Uribe, no solo llegamos al Mundial de España y casi al de México, sino que aplacamos algo de aquel pánico, de aquella incertidumbre por el futuro, de aquella desesperación de tener en la mano solo un magro puñado de promesas hechas añicos.

A pesar de su baja calidad y de lo mucho que nos hizo renegar, la selección de los noventa tuvo instantes que resarcieron al país de la inmundicia del saqueo corrupto del que fuimos aleladas víctimas. Aprendimos a expectorar el paradojal “Te quiero Perú” justo cuando había menos razones políticas y sociales que justificasen un pregón tan entusiasta.   

Del 2000 en adelante no sé bien qué función ha cumplido la selección (si acaso cumplió alguna). Con el país fragmentado pero en marcha, orgulloso de sus logros y avances, quizá ha llegado el momento de que el fútbol peruano no tenga más cometido que recuperar su calidad deportiva y su nombre.

Si en el pasado, a la selección le tocó ser catalizador, analgésico y paliativo, hoy solamente le toca ser equipo e ignorar la coyuntura. La moral del país ya no depende de la selección: ahora es la moral de la selección la que depende del país. Y por eso mismo, y porque está golpeada y convaleciente, hay que apoyarla con el mismo vigor con que ella nos apoyó.❧

Hay 1 Comentario
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17 de junio de 2012 | 15 hrs
escribe:

Nadie nos separa...ni en las bUenas ni en las malas

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Renato Cisneros Renato Cisneros

Tengo 35 años. Soy escritor y periodista. Estudié en la Universidad de Lima y en la Universidad de Miami (Estados Unidos), aunque lo más correcto sería decir que pasé por ambas casas de estudio en calidad de sonámbulo.

He publicado tres poemarios, un libro de relatos (Busco Novia) y un libro gráfico camuflado bajo la apariencia de una agenda (La Antiagenda 2010).   En febrero del 2010 publiqué una novela, mi primera novela, con el sello de Alfaguara: Nunca confíes en mí.

Entre el 2000 y el 2010 escribí crónicas y columnas en El Comercio.

Desde mediados del 2008 me vinculé con el Grupo RPP: primero conduje un programa nocturno en Radio Capital, y ahora estoy por las mañanas en Radio Oxígeno (”Levántate y Anda”) y por las tardes en Radioprogramas (”La Rotativa del Aire”). Desde febrero hasta noviembre del 2011 conduje SIN VUELTAS, un programa diario de entrevistas y conversación en Canal 10 de Movistar TV.  

He colaborado con revistas (impresas y virtuales) de distintas partes del mundo, entre ellas
Letras Libres, Soho, Etiqueta Negra. Actualmente firmo una columna todos los sábados en La República.