Si sacáramos las miles de bicicletas estacionarias de los gimnasios, las canjeáramos por bicicletas de verdad y tomáramos las calles, Lima se parecería más a una ciudad. Esta metrópoli salvaje, sin embargo, desprecia a sus ciclistas. Vayan a cualquier parque de diversiones y coloquen un pollito en medio de los carros chocones para alucinar la sensación de fragilidad y desabrigo que sentimos los ciclistas limeños.
Es cierto que hay algunos distritos (no tantos) que han implementado esas largas tripas llamadas ciclovías. Es cierto también que algunos alcaldes (muy pocos) alientan el uso de la bicicleta, no solo para evadir al monstruo apocalíptico de la Hora Punta, sino para propiciar una conciencia ecológica y saludable en su vecindario (el proyecto San Borja en Bici —lanzado esta semana— es una notable muestra de eso).
Lamentablemente, esos esfuerzos valiosos no alcanzan. Seamos claros: las autoridades no podrán jamás con el asunto del transporte. La bestia vial se resiste a ser domada y viene derrotando alcaldes desde antes de Barrantes. Sin embargo, los ciudadanos comunes (aquí no sirve la expresión ‘de a pie’) sí podemos derrotar esa plaga, o al menos hacerle la bronca. Alternemos el carro con la bicicleta, para empezar. Y luego promovamos actividades, imitando, por ejemplo, lo que se hace hoy en Buenos Aires, donde se invita al público a ir en bici al concierto de Roger Waters. Si nos dan la infraestructura, será más fácil ir en bici a votar, a trabajar, a estudiar, a pagar cuentas.
Por séptimo año consecutivo, hoy (10 am) se realizará en la Av. Arequipa la Ciclonudista. No es, como se cree, el corso de cien calatos exhibicionistas urgidos de mostrar sus colgajos. No. Es la protesta local más organizada de ciclistas sensibles que no se resignan a vivir en una ciudad cuyo mar ya no se escucha de tan saturada que está de autos abusivos y ruines bocinazos.❧
