No creas todo lo que escuches en el salón. O créelo pero sospecha. Desconfía de los profesores, pero más de los curas. Tampoco te fíes del ránking del cuadro de honor. A la larga, los alumnos más aplicados son los adultos menos sorprendentes. La presión los vuelve tristes, predecibles. Se han visto casos. Más que desafiar las reglas por bacanería, cuestiónalas, protesta. No repitas la lección, a ver qué sucede. Ni temas preguntar eso que martilla tu cabeza por miedo a la opinión del resto: a esa edad, recuérdalo, nadie tiene una opinión de nada. No te burles de otro gratuitamente. No seas abusivo. Piensa que dentro de una década, él puede ser más musculoso y en algún reencuentro de ex alumnos devolverte el bullyng.
No estudies más de lo suficiente. Si estás en apuros, cópiate. O al menos inténtalo: a nadie daña una poca de adrenalina escolar. Míralo así: si no te pillan, tendrás una buena nota. Y si lo hacen, tendrás una buena historia. Distráete en las clases aburridas. Dibuja en los márgenes del cuaderno. Practica con insistencia el michi o el origami. Rellena la última página con todas aquellas frases cojonudas que quisieras confesarle a la chica del costado. Y llegado el caso, confiésaselas. Lo peor que podría pasar es que te dé un loncherazo en la cabeza. Muchos romances inolvidables han empezado así.
Obsesiónate solo con los cursos que te inspiran. Con los demás, relájate, aunque tus papás juren que de tal examen depende tu futuro. Mentira. Con los años te das cuenta de que hay dramas más irremediables que un 04 en Geografía. Siempre llega el día en que te ríes a carcajadas de tus jalados del colegio. Mi consejo es este: pasa piola. Nadie se mete con los mediocres. A los genios, los presionan. A los burros, los martirizan. Los de mitad de tabla, esos se la pasan bomba.