Mucha gente duda de la naturaleza del encuentro que tuvieron tres medios locales con el camarada ‘Gabriel’ en Alto Lagunas. “Eso está armado”, dicen, escépticos, para luego sostener que la prensa no puede darles tribuna a los senderistas porque eso va en contra del supuesto interés nacional.
Quienes opinan así no reconocen que la entrevista a ‘Gabriel’ es un mérito enorme de unos periodistas que hicieron lo que hacen los reporteros cuando están en el limbo de una cobertura improductiva: olvidarse de la exclusiva egoísta y unir esfuerzos (y seguramente viáticos) para ver si juntos encuentran algo que contar. En este caso, además del helicóptero 357 derribado en medio de la selva, encontraron a un grupo de terroristas demasiado relajados como para estar sufriendo el acoso del contingente policial. Contingente que, dicho sea de paso, jamás fue avistado por los colegas. Así me lo confirmó hace dos noches el periodista de El Comercio Ralph Zapata, que estuvo en La Convención junto con los enviados de La República y Panamericana.
Los que afirman que la prensa no debería tomarles testimonio a los terroristas quizá se olvidan de lo trascendente que fue en 1988 la famosa Entrevista del Siglo a Abimael Guzmán, publicada en varias páginas de El Diario. Allí Guzmán —como ahora ‘Gabriel’ y como ‘Artemio’ en su momento— se despachaba y quedaba totalmente expuesto en su orfandad ideológica y su salvajismo delirante. Darles micrófono a estos sujetos no es darles vitrina: es más bien acercarlos a un espejo que automáticamente revela el tamaño de su monstruosidad.
La prensa nos viene contando por capítulos la crónica negra que desde el Gobierno se nos quiere narrar como fábula bucólica. Sin malicia tal vez, pero con un grado de torpeza que ofende incluso más que la malicia. Si los ministros del Interior y Defensa piden “transparencia”, que empiecen por franquearse y pasar en limpio las inverosímiles explicaciones que nos vienen dando sobre lo que está sucediendo allá en el VRAE.
