Sin siquiera arañar el turbador promedio diario del que alguna vez Ricardo Bedoya se jactara en clase de la U. de Lima —seis al hilo—, dediqué mis vacaciones a ver películas. Quince en total, a razón de una por día. Todas estrenadas el 2011. De las quince, cinco no tienen pierde. 1) La japonesa Confesiones: la despiadada venganza de una maestra aparentemente inofensiva que descubre que dos de sus alumnos de secundaria son los responsables de la horrible muerte de su pequeña hija, que apareció un día ahogada en la piscina del colegio. 2) Beginners de Mike Mills: cinco meses después de haber perdido a su madre, Ewan McGregor se entera de que su padre es gay. El papá, Christopher Plummer, lo sienta para confesarle que siempre ha sido consciente de su homosexualidad y que ha decidido, a los 75, vivirla plenamente (Plummer acaba de ganar un Globo de Oro por ese papel). 3) Drive, de Nicolas Winding Refn, imperdible crónica violenta embellecida por la banda sonora. El protagonista —Ryan Gosling— es un cañabrava medio autista que se gana la vida como doble en películas de acción y como chofer a destajo de delincuentes. Cuando se enamora, su vida, igual que su auto, pierde el rumbo, o lo encuentra, como sea, igual se va a pique. 4) El Topo, de Tomas Alfredson: con un reparto brillante (Gary Oldman, Colin Firth, Tom Hardy), la película retrata humanísticamente a un grupo de espías enfrascado en una absurda pugna interna. El desenlace —sostenido con el fondo de “La mer”, cantada por Julio Iglesias— es francamente notable. 5) Por último, Melancolía, de Lars Von Trier: inmejorable representación de todas las noicas que despierta el tan anunciado fin del mundo, desde la obsesión cientificista hasta la histeria ignorantona pasando por la languidez de la resignación. Ninguna de las cintas reseñadas, por cierto, está o ha estado en cartelera. Para verlas es menester hacer un stop en el semáforo correcto, un link en la página adecuada, o una veloz incursión en los Polvos de su preferencia.
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